Votar o no votar, no hay dilema

Dentro de la complicada situación que enfrenta México, donde, a consecuencia de la pandemia por covid-19, se estima que 10 millones de ciudadanos aumentarán las ya de por sí extensas filas de pobres, el próximo domingo los electores tendrán la oportunidad de acudir a las urnas para decidir si las cosas continúan como hasta ahora o eligen cambiar de rumbo.

El entorno bajo el que se llevarán a cabo las elecciones no es el más óptimo. Desde el inicio del proceso electoral y hasta el pasado 30 de mayo, se consumaron 782 agresiones en contra de candidatos y políticos en las 32 entidades federativas, de acuerdo a la consultora Etellekt. Los ataques dejaron 35 aspirantes a puestos de elección popular, asesinados. Una cifra aterradora que exhibe la impunidad con la que el crimen organizado decide quién puede o no ocupar un puesto público, especialmente en los ayuntamientos, el eslabón más frágil e indefenso ante la violencia.

La ley de las balas se impone en la república mexicana, esa que, el jefe del Comando Norte de Estados Unidos, general Glen VanHerck, asegura estar controlada en un tercio por los cárteles mexicanos. A pesar de la molestia en Palacio Nacional, las afirmaciones estadunidenses no son invención alguna. La delincuencia organizada ha construido una especie de “gobierno alterno”.

Pero la delincuencia común también trae asoleada a la población. La roba en las calles, en el transporte público, al salir de un cajero automático o banco, la extorsiona desde los penales o la asalta dentro de los propios automóviles. El gobierno ha fallado estrepitosamente en garantizar la seguridad a la gente, a lo cual está obligado. Es evidente que los abrazos y chanclazos no funcionan.

Otro factor que tiene altamente molesto al pueblo bueno es la desastrosa y tardía forma en que el gobierno atendió la pandemia y que ha dejado, según las cuestionables cifras oficiales, 228,362 muertos, aunque de acuerdo a especialistas en ciencias médicas y matemáticas, dicha cifra debe multiplicarse por un factor de 2.5, lo cual arrojaría en realidad más de medio millón de fallecidos.

Una variable más en el difícil entorno que permea el marco electoral, es la peligrosa polarización social alentada desde la Presidencia de la República a través de un autoritarismo rampante mediante el cual se descalifica y agrede cada mañana a los críticos, prensa –excepto a los favorecidos con publicidad oficial-, empresarios, intelectuales “sabiondos”, y todo aquel que se atreva a discrepar de los dogmas de fe establecidos por los dictados palatinos.

Hablar de los caprichos sexenales, es referirse al derroche del dinero público en obras quiméricas que remiten obligadamente al pasado. Refinerías, aeropuertos y trenes, conforman el catálogo. Obsequiar dinero de los contribuyentes vía programas electoreros, no gusta a la población. Sólo se justifica ayudar con recursos del erario a los adultos mayores. Garantizar impunidad a la familia palatina e incondicionales a ciegas, genera enorme ira entre los gobernados. Y así, una larga cadena de cuestiones a considerar.

Por ello, resulta indispensable acudir a votar este domingo. Ahí está la libertad de hacerlo por la opción que cada uno prefiera, de manera razonada. Esta ocasión no hay dilema, el camino para cambiar el rumbo de este México tan golpeado y ensangrentado, son las urnas. No lo lamentemos después.

Colaboración: BTU.

*Nota del editor: cartón en portada es propiedad de Jabaz Monero*