Tres enemigas de la democracia y del desarrollo (2ª de tres partes)

Autor: Saúl Arellano

Sostengo que la democracia tiene tres grandes enemigas identificadas: 1) la violencia y sus fenómenos asociados, 2) la desigualdad y 3) la economía extremista conservadora. En este artículo se abordan temas relativos a la segunda.

Para iniciar, debe considerarse en torno a la desigualdad económica que en toda sociedad se pueden presentar varios escenarios, por ejemplo: 1) la mayoría es pobre, pero en condiciones de relativa igualdad (se asume que podría ser el caso cubano); 2) la mayoría tiene ingresos medios o altos, en relativa igualdad (es el caso de los países nórdicos); 3) la mayoría tiene ingresos medios o altos, pero en condiciones de alta desigualdad (es el caso de los Estados Unidos de América o Inglaterra); o 4) la mayoría tiene ingresos bajos o medios, en un contexto de elevada desigualdad (es el peor de los escenarios y en él se encuentra el caso mexicano).

De acuerdo con los datos del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), el ingreso laboral per capita mensual promedio en el país asciende a 1,544.12 pesos, deflactados respecto de la canasta alimentaria, a precios de 2010. Este dato contrasta con los 1,996.40 pesos que obtenía mensualmente un trabajador promedio en el país en el año 2005, lo que evidencia una pérdida real del valor adquisitivo del salario laboral equivalente a 30% en los últimos 10 años.

Podría decirse que el problema es que la economía mexicana no ha crecido lo suficiente en las últimas décadas, y que las condiciones, tanto macro como micro, condicionan la posibilidad de mantener o hacer crecer los salarios. Pese a tal afirmación, a todas luces falsaria, habría que pensar en los términos en que lo hace Bernardo Kliksberg en sus recientes textos en torno a la “explosión de las desigualdades”.

Kliksberg sostiene que a los ricos nunca les va mal, incluso en periodos de crisis. Para ilustrarlo en el caso mexicano basta con señalar que, por ejemplo, Banamex incrementó sus ganancias en México, contabilizadas de manera anualizada, de 2,286 millones de pesos en el primer trimestre de 2014 a 4,811 millones de pesos en el primer trimestre de 2015, es decir, una ganancia real de 112%. Nada mal para un año con bajo crecimiento…

El otro ejemplo es la grosera concentración del ingreso registrada a nivel nacional, pues los datos muestran que 1% de la población posee ya más de 50% de la riqueza total, cifra que es espejo de la misma realidad ya confirmada a escala global en 2016, cinco años antes de lo que las previsiones apuntaban que ocurriría.

El “club de los ricos”, reunido en Davos, Suiza, en el marco del World Economic Forum, expresó en este 2016 una “profunda preocupación” porque la desigualdad planetaria, y la que se vive al interior de los países, constituye una de las mayores amenazas a la democracia y al desarrollo.

Se trata de un asunto mayúsculo, porque es evidente que el sistema está diseñado para que unos ganen y para que otros pierdan. Al respecto, organizaciones mexicanas como FUNDAR y México Evalúa han compilado evidencia respecto de la magnitud de la inmensa cantidad de recursos que el fisco dejó de captar gracias a las “excepciones” y “perdones” concedidos a grandes corporaciones, recursos que en sus estimaciones habrían beneficiado, sólo en 2016, con más de 3 mil millones de pesos a sólo 10 empresas.

La evidencia muestra que la pobreza se puede reducir sin alterar necesariamente las condiciones estructurales de reproducción de la desigualdad. Sin embargo, también muestra que, a mayor velocidad en la reducción de las desigualdades, la pobreza se abatiría más aceleradamente.

Lograr lo anterior implica, no obstante, alterar las relaciones de poder económico y político imperantes, y hacerlo implica refundar el pacto político y social que nos define como nación. La cuestión es: ¿quién y cómo puede impulsar una transformación así?

 @saularellano

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