Tragedias escolares, ¿cómo evitarlas?

Enrique Flores Oropeza

El ataque armado de un estudiante del Colegio Americano del Noreste a su maestra y a tres de sus compañeros, que concluyó con su suicidio, conlleva a destacar el desfase existente entre orientación escolar y modernidad. En una actualidad que agrega constantemente nuevas tecnologías de comunicación, la orientación escolar, entendida como el proceso por el que se ayuda a los estudiantes a lograr la comprensión y dirección de sí mismos, necesarias para conseguir una adaptación máxima a la escuela, el hogar y la comunidad, va a la zaga de ellas.

Las funciones del orientador escolar consistentes en identificar las necesidades educativas del alumnado, colaborar en la detección de las dificultades de aprendizaje, brindar asesoramiento psicopedagógico al profesorado, entre otras más, parecen ya limitadas. En este mundo donde priva la competencia a ultranza, la drogadicción, el narcotráfico, la violencia, la discriminación, el abuso, el consumismo, la desigualdad económica, las escuelas, de todos los niveles, son una extensión de esta actualidad y, por tanto, susceptibles también de experimentar los efectos negativos de estos fenómenos.

Resulta, por tanto, inocente pensar que los atentados en escuelas estadunidenses no se replicaran en nuestro país si las condiciones que las generaron son similares. Desde la masacre ocurrida en la Escuela Secundaria de Columbine, en 1999, donde murieron 15 estudiantes, pasando por la de la Escuela Primaria Sandy Hook, en 2012, con saldo de 28 muertos, hasta la ocurrida ayer en Monterrey, persisten patrones de comportamientos anómalos en estudiantes que al no detectarse a tiempo tienen consecuencias funestas.

Si bien la detección de estos comportamientos potencialmente peligrosos es responsabilidad familiar, es en las escuelas donde se concretan y, por tanto, es indispensable que haya programas de supervisión psicológica del alumnado no sólo para prevenir hechos tan lamentables como estas tragedias, sino incluso otros igual de negativos como el bullying, la drogadicción o el suicidio, por mencionar sólo algunos.

Si los avances tecnológicos se han puesto al servicio de la comunicación, primordialmente, la orientación escolar debe ampliar su concepto y funciones para hacer uso de ellos a fin de evitar más desgracias.

*Fuente: UNAM GLOBAL*