Revire del lunes 28 de febrero de 2022

Discursos, promesas, justificaciones, reparto de culpas y una amplia serie de pretextos escuchamos en las instancias oficiales cada vez que un periodista en México es asesinado. Se jura y perjura que se investigarán tales ejecuciones, que se dará con los autores materiales e intelectuales, que no habrá impunidad, que nadie está sobre la ley, trátese de quien se trate. Los embustes son variados. Mientras tanto la sangre de los comunicadores sigue corriendo ante la incapacidad y muy sospechosa indolencia de las autoridades. En lo que va del año han sido masacrados seis mexicanos dedicados a ejercer el periodismo. La víctima más reciente, Jorge Camero, fue acribillada por sicarios al interior de un gimnasio donde se ejercitaba, en Empalme, Sonora, entidad gobernada por el morenista Alfonso Durazo. Y la historia de terror sigue viva. Voces incómodas son silenciadas y sigue la palabrería en tanto familias quedan al garete y la democracia se pulveriza. 

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