Revire del 31 de enero de 2017

El desprestigio del PRI es inconmensurable y conocido por la sociedad mexicana. La debacle del tricolor parece  irreversible. Así lo evidenció el tremendo fracaso en el proceso electoral del pasado 5 de junio. El repudio hacia todo lo que significa el partido oficial crece día a día. Los abusos y saqueos ancestrales, corruptelas, amiguismo, influyentismo y nepotismo, entre otras cosas, tienen en la lona al dinosaurio. Está sumido en la desesperación. En Los Pinos saben que pueden ser echados una vez más en el 2018. Quizá por ello su líder nacional, Enrique Ochoa, realiza  una especie de venta de garaje. En las sesiones plenarias de legisladores priistas, propuso reducir 100 diputados y 32 senadores plurinominales, también que no se aplique el gasolinazo en febrero. De ese tamaño es la preocupación. Hoy, prometen, previo a elecciones de este año, lo que sea. Es problema es que nadie les cree.

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