Revire del 30 de noviembre de 2016

De sensata, se puede calificar la iniciativa enviada por el presidente Enrique Peña Nieto al Senado, para que el procurador general de la República no se convierta de manera automática en fiscal general. El rechazo a que el actual titular de la PGR, el priista Raúl Cervantes Andrade, -primo del consejero jurídico de la Presidencia, Humberto Castillejos Cervantes y de Alfredo Castillo Cervantes, de la Conade- asuma como primer fiscal nacional, creció peligrosamente hasta niveles que se tornaron muy incómodos en Los Pinos. La percepción en diversos sectores sociales, es que colocar a Cervantes Andrade en la primera fiscalía general, era una especie de blindaje transexenal, de poner a un incondicional para protegerse. Bien dice el adagio: “no hagas cosas buenas que parezcan malas”. Hizo bien el Ejecutivo en corregir a tiempo. No necesita abrir más frentes de los muchos que ya lo aquejan.           

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