Revire del 30 de marzo del 2022

La obsesión por destruir las instituciones del Estado e imponer sobre sus ruinas a lacayos, es propia de autócratas, de aquellos que se rasgan las vestiduras y se autonombran adalides de la democracia. La historia ha documentado infinidad de testimonios al respecto. Hoy, en nuestro continente, lo vemos con Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel, una abyecta trinca de dictadores. Quien no besa las manos de esos tiranos bananeros, es tildado de traidor y enemigo del régimen. Es una característica de todos aquellos políticos enloquecidos por el poder. Las naciones sometidas por tales “caudillos” tienen millones de pobres y un atraso que los empuja cada vez más en el abismo del desempleo, hambre, violencia y muerte. Venezuela es el caso más representativo de ello. La sociedad mexicana no debe permitir que eso suceda. El disparate de una reforma electoral para apropiarse del INE y el TEPJF, es la ruta más corta hacia una dictadura.

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