Revire del 29 de noviembre de 2016

El presidente Enrique Peña Nieto aseguró el sábado pasado que “México es lo que es, en gran medida, gracias al PRI y a su legado institucional”. Si entendemos como legado la institucionalización de la corrupción, del saqueo al erario, del influyentismo, de los sueldos estratosféricos a los amigos y parientes colocados en puestos públicos, de lucrar con el contratismo de la obra pública, entonces quizás estemos de acuerdo. Aunque también lo estaríamos si dicho legado se refiere a los 55 millones de pobres institucionalizados en los 70 años de gobiernos priistas. Incluso, si el multicitado legado se refiere al subdesarrollo al que parece estar condenado irremediablemente nuestra nación. Y puede ser que el legado  priista se refiera al del 2 de octubre del 68, cortesía de Gustavo Díaz Ordaz, o tal vez al de Luis Echeverría, el 10 de junio del 71. ¡Qué gran legado, para llorar!      

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