Revire del 28 de noviembre de 2016

El súbito interés del gobierno priista por devorarse un “pez gordo”, aunque éste sea alguno de sus distinguidos ex gobernadores, está basado en la desesperación absoluta por intentar recuperar algo del prestigio perdido lastimosamente a causa de la cadena de corruptelas, escándalos y trampas, acciones que no representan novedad alguna en el estilo y comportamiento de los políticos del tricolor. Sin embargo, la administración peñista, parece haber errado una vez más la estrategia. Los anuncios de la PGR presumiendo órdenes de aprehensión en contra de los prófugos Javier Duarte de Ochoa y Tomás Yarrington Ruvalcaba, aunadas a las cuantiosas recompensas por su captura, le han sido contraproducentes. Simplemente nadie cree que el Gobierno ignore dónde se encuentra el par de pillos. La percepción social es que ambos ex virreyes aún son protegidos por instancias oficiales. A Yarrington se le investigaba desde hace una década. ¿Más descaro del PRI?      

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