Revire del 27 de octubre de 2016

El cinismo de los políticos en México es inconmensurable. Pueden delinquir, ser exhibidos ante la opinión pública en sus pillerías, y eso no les importa. Aún cuando los agarren con las manos en la “masa”, es decir, guardándose los fajos de billetes con todo y ligas, apostando en Las Vegas lo robado, solicitando “moches”, o cuando se dan un “borrachazo” con una lujosa camioneta propiedad de un “contratista”, sus ansias patológicas por el poder y todos los amplios beneficios que ello significa no desaparecen. Como el distinguido y probo ex presidente del PRI, Humberto Moreira Valdez, quien a pesar de la deuda por 36 mil millones de pesos que dejó como herencia a los coahuilenses cuando fue gobernador de la entidad, y de los escándalos en España, donde estuvo preso, insiste en postularse como alcalde de Saltillo o ya de perdis como diputado. Así la cara dura. 

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