Revire del 26 de julio del 2021

En uno más de sus innumerables caprichos, el presidente López Obrador dice que el regreso a clases presenciales a finales del próximo agosto se dará a pesar de que “llueva, truene o relampaguee”. Cuando los contagios de covid-19 se están dando por miles en una tercera ola y los hospitales comenzaron a saturarse, la obcecación presidencial es un despropósito mayúsculo. Las peligrosas condiciones que actualmente prevalecen a causa del SARS-CoV-2 y la desesperante lentitud en la vacunación conforman un peligroso entorno para el regreso a las aulas. Todos quisiéramos que menores y adolescentes volvieran a los salones de clase, pero no hay seguridad para ello. Al deseo presidencial se oponen padres de familia quienes son los que finalmente decidirán si envían o no a los estudiantes a la escuela. Volver a clases presenciales sería posible si todos los alumnos y personal docente estuviese vacunado con ambas dosis. El señor presidente tiene la palabra.   

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