Revire del 24 de octubre de 2018

Los autócratas no escuchan, desdeñan lo que puedan opinar los demás. Son proclives a distorsionar la realidad. También son embusteros patológicos. Si alguien difiere de su “verdad” lo descalifica. En el mundo hay muchos personajes fatídicos que cumplen perfectamente con ese perfil. Pero el más protagónico, si no es que el más peligroso por el arsenal de que dispone, es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En esta semana, el republicano aseguró que en la caravana migrante están infiltrados criminales y personas del medio oriente. Como ha sucedido más de una vez, poco después matizo sus declaraciones y manifestó que no tiene pruebas de lo dicho. Lo xenofobia es un trastorno que lleva a flor de piel. Trump “olvida” convenencieramente que la riqueza del imperio estadounidense se ha construido, entre otras cosas, con el trabajo arduo de los migrantes. Esos de los cuales hoy hipócritamente se horroriza.     

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