Revire del 24 de noviembre de 2016

“El PRI es el PRI y quienes pensaron que iba a cambiar en 2012, se equivocaron porque pueden tener ideas reformistas pero es inherentemente corrupto; el PAN perdió el alma porque también se volvió corrupto, era un partido decente hasta que llegó al poder. Al PRI está difícil pedirle que sea un partido decente”, afirmó el historiador Enrique Krauze en el Colegio Nacional. Este dicho coincide con el sentir de la mayoría de los mexicanos. Los partidos políticos, sin excepción, nada tienen de impolutos, quienes emanan de ellos hacia los puestos públicos, buscan primordialmente llenarse los bolsillos, no importa saquear al erario de cualquier forma. Ahí están los ejemplos de los priistas Javier y César Duarte pero también el del panista Guillermo Padrés y el del perredista José Luis Abarca. En el resto de los partidos también se las gastan, no obstante se autonombren adalides de la honestidad. 

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