Revire del 22 de octubre de 2021

Acusar a la ligera, sin pruebas ni motivos para hacerlo, es una constante en el presidente de México. El púlpito palaciego está convertido desde el inicio del sexenio en una especie de fiscalía y tribunal para lanzar a la hoguera a personas e instituciones que resultan incómodas para los intereses del mandatario. Ha sido la historia de este gobierno. Se acusa, pero no se prueba. Y este jueves, la UNAM, una de las instituciones más respetadas, valiosas y queridas por la población, fue blanco de esa mezquindad. El titular del Ejecutivo acusó a la Universidad Nacional, entre otras cosas, de haberse convertido en “defensora de proyectos neoliberales”. Nada más lejano de la realidad. Sucede que el gobierno obradorista es alérgico a la ciencia y aquello que tiene que ver con el conocimiento. Sólo hay que ver la persecución a los 31 científicos y el terrible manejo de la pandemia de covid-19. El tabasqueño se equivocó. Algo demasiado serio pasa con él, que es de preocupar.   

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