Revire del 22 de marzo de 2019

Si algo habría que reconocerle a la CNTE, es la habilidad de sus dirigentes para convertir en rehén de sus intereses al gobierno que se le antoje. Así fue durante la administración de Enrique Peña Nieto. La Coordinadora hizo ver su suerte al mexiquense y a varios miembros del gabinete. En diversas ocasiones paralizaron la actividad en la Ciudad de México a base de plantones y marchas. En estados del país ni se diga, hicieron lo que se les vino en gana. Oaxaca, Guerrero y Chiapas resintieron los perniciosos efectos de la violencia magisterial. Hoy, eso no parece haber cambiado en absoluto. La estrategia es la misma: presionar con amenazas y chantajes. Lo que menos les importa es el estado de derecho y la armonía social. Por delante están los beneficios económicos y políticos que desean obtener. Morena sufre los embates de un aliado tóxico que lo apoyó en campaña. Ni modo.

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