Revire del 19 de marzo de 2019

A 81 años de la expropiación petrolera, Pemex está en rigor mortis. Sexenios de saqueo oficial, del abuso del sindicato y de las componendas de funcionarios y proveedores, lo dejaron en una situación de quiebra. Se le exprimió hasta el último centavo y no se invirtió en modernizarlo. Hoy, las refinerías son, de hecho, un conjunto de chatarra. Resucitar a la empresa “productiva” del Estado, es una obsesión del presidente López Obrador. La buena intención del mandatario, admirador del general Lázaro Cárdenas, costará a los contribuyentes una cantidad infinita de recursos. Es destinar dinero bueno al malo. La probabilidad de que Petróleos Mexicanos vuelva a ser un ente productivo y rentable es realmente nula. Además, se ha dicho hasta el cansancio, el mundo busca nuevas fuentes de energía, menos contaminantes y que aporten buenas utilidades. Ante ese escenario, el sentido común indica que el gobierno morenista iría en sentido contrario. 

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