Revire del 18 de octubre de 2018

El regreso de Carmen Aristegui a la radio es una buena noticia para el periodismo en México. Más allá de las fobias que puede provocar la señora Aristegui con su estilo periodístico, censurar a quien resulta incómodo para los que detentan el poder político, es un atentado a la libre expresión y  a la democracia misma. La ciudadanía tiene el derecho absoluto a estar informado no sólo de las “buenas noticias” que impulsa el oficialismo, también de todos los abusos, corruptelas, malos manejos, y acciones erróneas del gobierno en sus tres niveles. El periodismo crítico debe ser, por lo tanto, un contrapeso eficaz a los afanes autoritarios y negligencia de todo funcionario, incluido, por supuesto, el propio Presidente de la República. Nada justifica que se reprima a un comunicador. Pero esa libertad tampoco significa un cheque en blanco para actuar fuera de todo marco ético. El respeto a las leyes, es obligado.  

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