Revire del 17 de octubre de 2016

En un vulgar intercambio de acusaciones se enfrascaron los dirigentes del PRI y PAN a causa de los  deplorables casos de Javier Duarte y Guillermo Padrés. La defensa de ambos exgobernadores  resulta imposible desde cualquier ángulo en que se le quiera ver. Señalamientos de corrupción, desviación de recursos públicos y otros abusos, están presentes en las administraciones del par de virreyes. Es evidente también la condenable protección que tanto Duarte como Padrés han recibido de sus partidos políticos. La sociedad es testigo de las conductas ilícitas del priista y panista, por cierto, tardía y demagógicamente despojados de sus derechos partidistas, que, ante la cercanía del proceso electoral del 2018, resulta una burda farsa disfrazada de forma barata en la bandera anticorrupción. Enrique Ochoa Reza y Ricardo Anaya carecen de autoridad moral para lanzar la primera piedra cuando de anticorrupción se trata. Los electores lo saben y han de manifestarlo oportunamente.      

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