Revire del 17 de marzo de 2022

Con ocho periodistas asesinados en lo que va del año y más de 50 en su sexenio, el presidente López Obrador no puede alegar que en México hay libertad de expresión. La hay para sus lacayos que le hacen preguntas a modo durante las propagandas mañaneras en Palacio o para los “pasquines inmundos” beneficiados con millones de pesos en publicidad oficial a cambio de regalar una vergonzosa e inmunda cantidad de loas al señor presidente o voltear hacia otro lado cuando debieran criticar tantos yerros, abusos y violaciones a la ley. Esa es la particular libertad de expresión que se patrocina desde el poder. México tiene la bien ganada fama de ser uno de los países más inseguros y violentos para quienes se dedican a ejercer el periodismo. No son en vano las críticas al respecto del secretario de Estado de EUA, ni las del Parlamento Europeo. Una pesada lápida para el huesped palatino.    

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