Revire del 16 de febrero de 2022

Muchos bandazos los que está dando el presidente López Obrador en su furioso ataque al periodista Carlos Loret de Mola. Ha perdido hasta el estilo, la seguridad que tenía hasta antes de la revelación de la fastuosa vida de su primogénito en Estados Unidos. Su carácter irascible se exacerbó. No está tomando decisiones razonadas, sino lo está haciendo de manera visceral. Por primera vez se le ve muy vulnerable. Sus adversarios, críticos y hasta malquerientes huelen sangre. Saben que el poderoso misil de la Casa Gris y lo relacionado con José Ramón López Beltrán abrió un hoyo gigantesco en la imagen del mandatario y su bandera de la austeridad. La percepción ciudadana, aun de aquellos que simpatizan con el tabasqueño y su movimiento, sufrió una fuerte sacudida nada favorable. La absurda petición al INAI para que investigue los ingresos y bienes de Loret y familia, muestra la desesperación presidencial. Por lo pronto, ya lo bateó ese instituto. Es decir, lo poncharon.

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