Revire del 12 de septiembre de 2018

Esta semana sucedieron dos actos más de barbarie colectiva en México: uno en la delegación Cuajimalpa de la Ciudad capital, donde una turba linchó a un presunto robachicos. En otro caso, la multitud estuvo a punto de quemar a una mujer sexagenaria en San Pedro Atlapulco, Estado de México, a la que acusaron de robar en una casa de la localidad; afortunadamente la policía estatal logró rescatarla con vida. Tomar la justicia en mano propia se ha tornado una atrocidad recurrente en la república mexicana. La ausencia del Estado para garantizar seguridad a la población da pie a tales aberraciones. Varios inocentes han perdido la vida al ser confundidos con delincuentes. El hartazgo social por la inseguridad e ineficacia de las autoridades policiacas no debe ser pretexto para ejecutar inmediatamente de manera pública e ignominiosa a cuanto extraño parezca sospechoso. Impunidad y reincidencia alientan perversidades como es el caso de los linchamientos.

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