Revire del 10 de septiembre de 2018

La UNAM siempre ha sido un botín apetitoso para diversos grupos de poder, internos y externos. En ocasiones han logrado incendiarla y a nadie ha beneficiado. Hoy, en el limbo político generado entre  la despedida e inacción de la administración peñista y la llegada del nuevo gobierno, nuevamente fuerzas oscuras pretenden colocar a la máxima casa de estudios del país en la anarquía para hacerse del control y llevar a cabo sus fines aviesos. Los repudiados porros siempre han estado ahí, en los diferentes campus universitarios, financiados, tolerados y protegidos por las propias autoridades escolares, pero sobre todo, por grupos políticos interesados en controlar e influir en las decisiones de la Universidad y de hacerse de las cuantiosas utilidades provenientes del narcomenudeo, el ambulantaje, la venta de alcohol, incluso, de lo obtenido por secuestros, extorsiones y otra clase de actividades ilícitas en las instalaciones. ¿A quién beneficia tumbar a Graue para imponer un títere?   

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