Revire del 10 de agosto de 2018

La cacareada autonomía de los poderes de la Unión ha quedado en entredicho una y otra vez. A pesar de los demagógicos discursos y “enérgicas” protestas, es evidente que tanto el Legislativo como el Judicial se disciplinan al Poder Ejecutivo. Ni legisladores, ni ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, suelen olvidar que ocupan esos codiciados puestos gracias a la autorización del huésped en turno de la residencia presidencial. En ese entramado de intereses, es que no resulta extraña la determinación de la SCJN acerca de que los legisladores no pueden renunciar al fuero, pues éste garantiza “su independencia, autonomía, y funcionamiento adecuado”. Una resolución cuyo fundamento es hilarante. Senadores y diputados, en la mayoría de los casos, sólo cumplen una extenuante y sesuda labor de “levantadedos”. Entonces, ¿dónde está la referida autonomía e independencia? Ahora sucede que la mal entendida inmunidad legislativa, es obligatoria.    

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