Revire del 07 de diciembre de 2016

Los resultados de la prueba PISA, que evalúa los conocimientos de estudiantes en varios países, han sido una pesadilla para el gobierno mexicano más que para los propios alumnos. Son ya 15 años en que nuestra nación ocupa el vergonzoso último lugar entre las pertenecientes a la OCDE. El rendimiento a nadie sorprende. Las calificaciones obtenidas por los estudiantes quinceañeros es consecuencia irrefutable del desastroso sistema de educación pública que existe en la república mexicana. A esto ha “colaborado” decididamente el Gobierno, y en menor medida los maestros –con valiosas excepciones-, incluso los padres de familia. Las diferentes administraciones que han ocupado Los Pinos fijan sus prioridades en función de la rentabilidad política y de logros a corto plazo. La educación no es una de sus metas principales, a pesar de lo que se diga. Hoy vemos las funestas consecuencias, los frutos de una pésima planeación educativa.    

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