Revire del 05 de noviembre de 2018

Los feminicidios en México crecieron de manera alarmante en los últimos años. La impunidad y negligencia oficial, aunados a la tolerancia de la violencia hacia las mujeres en sus propios hogares, conformaron durante muchas décadas un coctel mortal. La sociedad mexicana sigue siendo patéticamente machista y pareciera no estar dispuesta a cambiar. Tal vez por eso no extraña que en la Cámara de Diputados se esté promoviendo aumentar de 40 años a prisión vitalicia la condena por el delito de feminicidio. No es mala idea. El problema radica en que la incapacidad y corruptelas de policías, Ministerio Público, jueces, y en general del podrido sistema judicial mexicano, impiden castigar de manera ejemplar a los asesinos de mujeres. Quizás no se necesitan ampliar las penas, sino aplicar de manera plena, sin tardanza ni distingos, la ley existente. De nada sirven leyes “perfectas”, si éstas no se utilizan, o se venden al mejor postor.

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