Revire del 05 de diciembre de 2016

Llegó diciembre y la irremediable fiebre consumista de fin de año. Se aprovecha el Gobierno para avisar con todos los reflectores mediáticos, que aumentará siete pesos al exiguo salario mínimo, pasará de 73.04 a 80.04, suma que sigue siendo insuficiente a todas luces para que una familia satisfaga sus necesidades más elementales. En contraparte, nuestros siempre solidarios diputados, senadores y ministros se despacharán con aguinaldos y bonos que resultan un agravio a los 55 millones de pobres que hay en el país. A pesar de las críticas de la sociedad, legisladores y funcionarios se resisten a renunciar a sus prebendas. Es comprensible, llegaron a los puestos públicos con el único propósito de enriquecerse a toda costa; los altos salarios y prestaciones es una de las formas que la clase política ha establecido sin pudor alguno para beneficiarse. Así que nada hay para presumir con el dichoso aumentito.     

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