El placer de la lectura: un privilegio de muy pocos

Autor: Saúl Arellano

El Instituto Nacional de estadística y Geografía dio a conocer uno de los datos que debe causar mayor preocupación a las autoridades de educación y de promoción y difusión de la cultura en nuestro país: únicamente el 71.8% de la población alfabeta de 18 años y más, declaró haber leído alguno de los materiales mencionados en la edición 2022 del Módulo de Lectura.

La escasa lectura que se da en el país no es un fenómeno nuevo; desde el año 2016 se ha registrado una importante caída en el porcentaje de personas que declara leer libros, revistas, periódicos, historietas, páginas de internet, foros digitales o blogs.

En efecto, en el 2016, el porcentaje de lectura declarado fue de 80.8%; en el 2017 bajó a 79.7%; en 2018 a 76.4%; en el 2019 cayó a 74.8%; en el 2020 aún más a 72.4%; en el 2021 llegó a su mínimo histórico, con 71.6%, mientras que en el 2022 no hubo prácticamente ninguna variación significativa al haberse registrado el ya mencionado 71.8%.

Lo que revelan los datos es que México carece de adecuadas estrategias de promoción de la lectura; y ya no se hable de lectura de calidad. Lo cual se relaciona también con las desastrosas políticas editoriales de los gobiernos que se sucedieron del 2000 al 2018; y que, en la presente administración, aunque cambiaron de rumbo, nos han conducido, de hecho, a peores resultados.

La única buena noticia que nos da el INEGI en esta materia, es que las personas que declaran leer, ahora han leído más, pues se llegó al promedio máximo histórico de 3.9 libros leídos por persona, al año; indicador que siendo mejor que el de años previos, está muy lejano de ser un dato para presumir, pues implica apenas, un libro leído cada aproximadamente tres meses.

De acuerdo con el sitio de internet Lectupedia, con datos actualizados al año 2021, se tienen los siguientes indicadores: en Chile, hay un promedio anual de 5.3 libros leídos por persona; en España, 7.5; en Estados Unidos de América 12 por persona; y en Francia y Canadá, el promedio per cápita anual es de 17 libros.

En efecto, para dimensionar en dónde estamos, es importante subrayar que el dato de 2022 es estadísticamente similar al que había seis años atrás, en 2016, cuando se tuvo un promedio de 3.8 libros leídos en promedio al año. En 2017 fue de 3.6; en 2018 de 3.1; en 2019 de 3.3; en 2020 de 3.4; y en 2021 de 3.7. Es decir, en términos estrictos, hay un severo estancamiento de al menos seis años en este dato.

No puede descartarse la hipótesis de que la elevación del nivel de libros leídos en México sea una cuestión temporal; porque en evidencia, ante la caída del porcentaje de personas lectoras, el efecto difícilmente podría ser atribuible a las políticas públicas de fomento a la lectura, a menos que lo que esté ocurriendo sea que los esfuerzos desarrollados se estén orientando a promover la lectura entre quienes más leen, acrecentando con ello, quizá de forma involuntaria, las desigualdades que existen en la materia en el país.

Lo anterior cobra mayor sentido si se considera que, entre la población mayor de 18 años, que declaró tener solo educación básica terminada (hasta la secundaria), el 50.1% se declara como “no lectores”, frente al 49.9% que declara leer alguno de los materiales señalados arriba. Entre quienes tienen algún grado de educación media, el porcentaje de personas lectoras es de 69.2%, frente a 30.8% que declara no leer; mientras que entre quienes cuentan con estudios de nivel superior, el porcentaje reportado de personas lectoras es de 88.4%, frente a un 11.6% que declara no leer, indicador que debe considerarse como sumamente negativo tratándose de personas algún grado de estudios de licenciatura o de posgrado.

Ahora bien, el INEGI permite determinar qué se lee entre la población de 18 años y más. Y es importante subrayar que, en ese segmento de edad, únicamente el 43.2% declaró haber leído al menos un libro en los últimos 12 meses. Este porcentaje es más bajo que el registrado en 2016, cuando se reportó un 45.9% de quienes son mayores de edad, que leyeron al menos un libro al año.

El MOLEC permite conocer además el motivo por el que las personas leen libros. Así, el 44.1% lo hace por entretenimiento. El 23.8% por trabajo o estudio; el 20.7% por cultura general; el 10.1% por religión, mientras que el 1.4% lo hace por otros motivos.

Ahora bien, hay que ser enfáticos en que no es cierto que “lo importante es leer”; y que “leer cualquier cosa siempre dejará algo positivo”. Eso es una soberana mentira de quienes leen poco e ignoran mucho. Por ejemplo, no podría decirse que será igualmente positivo que se lea Mi lucha de Hitler, que el Así habló Zaratustra, del genial Nietzsche.

Hay un abismo entre leer a Charles Dickens y las tonterías que se venden por toneladas bajo la categoría de “superación personal”; o material para la basura que aún pulula, incluso en bibliotecas públicas y escolares, como los textos escritos por personajes como Carlos Cuauhtémoc Sánchez y similares.

Urge, pero en serio, una nueva estrategia nacional de lectura; capaz de formar una nueva generación de personas que puedan acceder al inmenso placer de leer textos de calidad.

*Investigador del PUED-UNAM