Necesario defender a México de la barbarie: Sandro Cohen

El poeta y ensayista Sandro Cohen dijo estar endeudado con cada uno de los escritores que le ayudaron a crecer con su infinita generosidad, risa, sabiduría, tiempo, sentido del humor, fina y filosa ironía, complicidad, consejos y apoyo incondicional en momentos oscuros, y además “no tengo queja ni me pudo tocar mejor país para vivir este sueño hecho realidad”.

Visiblemente conmovido durante el homenaje que con motivo del 40 aniversario de su primer libro publicado, De noble origen desdichado, rindió el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), el académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) instó a defender a México de la barbarie que atenta contra su humanidad.

“Todos los que estamos aquí sabemos lo que significa vivir en este campo de batalla; somos aún sobrevivientes, pero me queda clarísimo que estamos vivos y muertos en un solo lugar, en un solo corazón que se llama México, que es nuestro, cuya humanidad debemos defender hasta las últimas consecuencias contra la barbarie, la inseguridad, lo canalla, el cinismo, la penalidad, el vacío y la nada”.

Acompañado de sus colegas Josefina Estrada, Marianne Toussaint y Armando González Torres, el docente del Departamento de Humanidades de la Unidad Azcapotzalco agradeció a sus lectores, ya que “sin ustedes yo no estaría aquí, no habría hecho nada y ni sería lo que soy. Deseo que de alguna manera haya podido formar parte de su vida, aventura y viaje, éste en el que nos hemos encontrado y en el cual espero que podamos continuar un buen tiempo”.

Afincado en el país desde hace 45 años –nació en New Jersey, Estados Unidos, en 1953, y se naturalizó mexicano– ha experimentado en la escritura una especie de maratón que en lugar de cansarlo lo anima más con el paso del tiempo y le confiere mayores herramientas para hacer mejor la carrera.

Cohen recordó sus inicios en la literatura mexicana cuando a mediados de 1979 Luis Mario Schneider le sugirió que llevara “mis flamantes poemas en español” al café Alto, ubicado en Insurgentes cerca de Chilpancingo. “Fue el primer sábado que entré ahí en compañía de Jaime Turrent que se fijó el rumbo de mi vida”.

Ahí “llevé los poemas que llegarían a formar parte del primer libro De noble origen desdichado, que salió en febrero de 1979 cuando tenía 25 años y para que pudiera suceder Arturo Trejo tras largas sesiones en el café Alto me llevó a conocer a Roberto Jurado, entonces encargado de la librería del Palacio de Bellas Artes”, quien haría el conecte con la Dirección de Literatura del INBA, a cargo de Gustavo Sainz.

En ese momento el autor no sólo conoció a la persona que hacía las presentaciones en las veladas literarias. “Ahí estaba Josefina Estrada, pocas veces me he quedado sin palabras en la vida, ésta fue una de ellas, porque ya me había enamorado perdidamente” y aunque fue un año después que formalizaron su relación, este diciembre cumplirán 39 años de casados.

En 1979 presentó A pesar del impero en el Palacio de Bellas Artes, publicado en Cuadernos de Poesía en 1980; un año después Palabra nueva: dos décadas de poesía en México, que sirvió de trampolín a escritores jóvenes que ahora pertenecen a “nuestro canon”.

En 1982 Autobiografía del infiel y seis años después Líneas de fuego que la Universidad Autónoma Metropolitana publicaría en 1993, e integraría el número 40 de su colección Margen de poesía que aparecía en la revista Casa del Tiempo.

Poco después publicó Tan fácil de amar y “pensé que ya había agotado el tintero, pero un día de 2016 descubrí que entre los poemas no entraron en este último libro” aquellos de amor para Josefina que, junto con otros que había escrito, contaban más de cien que abarcaban “todo lo que me había obsesionado desde los años 70 del siglo pasado cuando me puse a escribir De noble origen desdichado.

Daban un giro novedoso e integraron un nuevo libro llamado Flor de piel, mientras en 2007, José Mendoza Lara publicó las obras recogidas de Cohen, con excepción de Fácil de Amar y Flor de piel que salieron posteriormente.

Cohen, quien llegó a México en agosto de 1973 para estudiar en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), nunca se imaginó tener contacto con escritores de la talla de Jaime Sabines y Octavio Paz, contacto que reforzó como director editorial de Planeta, donde conoció a Alí Chimacero, Tomás Mojarro, Carlos Illesca, Margot y su padre Jacobo Glantz, y Salvador Elizondo.

Más tarde trabajaría en el Departamento de Publicaciones de El Colegio de México y el 20 de enero de 1980 empezaría a dar clases de redacción en la Unidad Azcapotzalco de la UAM.

“Cuando me ofrecieron hacer el concurso de oposición dije ¿la UAM qué, Azcapotzalco y donde está eso? Mi suerte estaba sellada y durante 39 años ha sido mi sustento para seguir viviendo, escribiendo, viajando, conociendo, fundando revistas, dirigiendo y no me parece que hayan pasado 40 años desde que Raúl Renan aceptó para su publicación De noble origen desdichado”.

En la Sala Adamo Boari, del Palacio de Bellas Artes, que reunió también a estudiantes de licenciatura y lectores de Cohen, el escritor Armando González Torres definió al autor de Zen del ciclista urbano como una de las más “fecundas inmigraciones que ha recibido México”.

Su esposa Josefina Estrada, quien moderó el homenaje, también recordó cómo conoció al poeta y su contribución a la literatura mexicana. “La trayectoria de Cohen permite ver esta armonización formal que traza con el lector” y su valiosa aportación de la poesía mexicana.

 Marianne Toussaint no pudo dejar de leer uno de los poemas del homenajeado, trabajo literario que se conjuga en una “poesía clara”, añadió.

*Fuente del texto UAM*

**Foto en portada: especial Internet**