Las precampañas convertidas en guerra de lodo

La guerra de acusaciones y descalificaciones que sostienen los candidatos a la Presidencia de la República y sus respectivos partidos políticos va en aumento y no sorprende a nadie. En el “conflicto”, acentuado conforme avanza el proceso electoral, sobresalen los ataques entre el  dirigente del PRI, Enrique Ochoa Reza; y los “presidenciables” del PAN, Ricardo Anaya Cortés  y el dueño de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Los tres se han dicho de todo.

Desde el despectivo “López”, usado como estrategia –también utilizado en tiempos de Fox- por Ochoa Reza para nombrar a López Obrador, pasando por las infaltables filtraciones a los medios para “quemar” al adversario, sin dejar de lado el manejo convenenciero de las encuestas a modo, forman parte del “arsenal” para intentar bajar a los punteros del sitio privilegiado.

Por eso no sorprenden declaraciones como las del presidente del Revolucionario Institucional: “López propone tirar el esfuerzo de todo el país al precipicio, poniendo en riesgo el crecimiento económico, los empleos y la estabilidad de las familias”.

Tampoco causa extrañeza que el mencionado Andrés Manuel, se refiera a los integrantes del gobierno peñista -y uno que otro orejón colado- como “La Mafia del Poder” y los ninguneé al llamarlos “pirrurris”. El nivel de discusión y debate, como se ve, está en niveles oprobiosos.

Incluso Ricardo Anaya, el abanderado panista, no duda en llamar corruptos a los del PRI –en lo que estamos de acuerdo- pero escupe al cielo y pretende erigirse en impoluto cuando los blanquiazules tienen una muy larga cola que les pisen, sólo hay que recordarle el caso del ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías, o el tema de los “moches”, también el de la Estela de Luz.

Pero lo relevante en este lodazal en que han convertido a las precampañas, es el vergonzoso nivel mostrado por los actores políticos incapaces de presentar proyectos serios que interesen y, sobre todo, que beneficien a la sociedad.

En el México de hoy, lleno de tantas carencias y abusos, lo que menos se necesita es escuchar discursos bobos que nada aportan a la democracia ni a los mexicanos. Los virulentos discursos de la oratoria demagógica tienen hartada a la población. Por eso son los más repudiados. Porque los políticos en nada han cambiado, sólo les importa el poder por el poder, para llenarse los bolsillos con los recursos provenientes del dinero público, para enriquecerse mediante cualquier “transa” posible y beneficiarse inmoralmente sin importarles que sean exhibidos.

Y todavía faltan muchos días de aquí al 1 de julio próximo para que cese el torbellino de sandeces.       

*Foto: Especial Internet*