La desnutrición sigue creciendo

Autor: Saúl Arellano

El derecho a la alimentación se encuentra reconocido en el Artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En efecto, su párrafo tercero dice a la letra: “Toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad. El Estado lo garantizará”.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en el año 2020, el 22.5% de la población nacional se encontraba en condición de vulnerabilidad por carencia de acceso a la alimentación nutritiva y de calidad. Este porcentaje implica una cifra de 28.6 millones de personas, la cual es mayor en 1.1 millones respecto de los 27.5 millones que fueron estimados en el año 2018.

Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a través de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares, 2020, estimó que, en ese año, el 46.7% de los hogares mexicanos manifestaron preocupación de que la comida se les terminara por falta de dinero o recursos; y, de hecho, en el 12.7% de los hogares, efectivamente se quedaron sin comida al menos en una ocasión, por falta de dinero o recursos.

Ante tales cifras, poco puede decirse que añada algo relevante para dimensionar la magnitud del problema; sin embargo, debe subrayarse el hecho de que en el país se trata de un problema que lejos de estar atendiéndose de manera efectiva, continúa creciendo de manera importante, pues, de acuerdo con los datos de la Secretaría de Salud, la población atendida por desnutrición se ha incrementado entre 2020 y 2021.

En efecto, según los datos del Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud, mediante el cual se registran los casos de notificación inmediata y de vigilancia sanitaria convencional, hasta la semana epidemiológica 33 de 2021, que concluyó el pasado 21 de agosto, los casos de desnutrición en los tres niveles de medición que hay en nuestro país, se incrementaron respecto del mismo periodo de 2020.

Así las cosas, para los casos de desnutrición leve, se tiene un registro de 27,490 casos nuevos acumulados hasta el 21 de agosto de este 2021. Esta cifra contrasta con los 20,859 casos registrados en el mismo periodo de 2020; diferencia que implica un crecimiento de 18.8% entre ambos periodos. Es pertinente decir además que, de acuerdo con la Norma Oficial Mexicana NOM-031-SSA2-199 para la atención a la salud del niño, define, para este grupo de edad, que la desnutrición leve es el trastorno de la nutrición que produce déficit de peso entre menos 1 y 1.99 desviaciones estándar, de acuerdo con el indicador de peso para la edad.

En segundo lugar, en el caso de la desnutrición moderada, se registraron en el periodo señalado, 4,320 casos nuevos en el país, cifra igualmente superior a la de 2020, la cual se ubicó en 3,815 casos, es decir, hay un incremento de 13.23% entre ambos periodos.

Finalmente, en el caso de la desnutrición grave, el país acumula en este 2021, un total de 2,304 casos, cifra igualmente superior a la de 2020 que se ubicó e 2,089 casos, por lo que el incremento es de 10.3%.

Debe decirse al respecto que estos datos se refieren sólo al número de personas que acuden a los centros de salud y son atendidos por los trastornos señalados; pero que, con base en esos datos, la Secretaría de Salud lleva a cabo cálculos de incidencia y prevalencia que dan la magnitud aproximada del problema que enfrentamos.

Lamentablemente, estos datos aún no se procesan para el 2020 y 2021, pues el último anuario de morbilidad es el relativo a 2019. En ello, la Secretaría tiene también el reto de trabajar con mayor celeridad sus estadísticas a fin de mejorar los mecanismos de toma de decisiones en los estados y atender con la urgencia requerida este tipo de problemáticas que son prioritarias para el cumplimiento apropiado de los derechos humanos en el país.

Por otro lado, también es de fundamental relevancia señalar que no es necesario que los niveles de desnutrición lleguen a sus fases más graves para afectar severamente la salud de las personas, y particularmente de las niñas y los niños. En efecto, al respecto el Fondo de Naciones Unidas para la Niñez sostendría en alguna ocasión que:

“La falta de una dieta suficiente, variada y nutritiva está asociada con más de la mitad de las muertes de niñas y niños en todo el mundo. Cuando padecen desnutrición, son más propensos a morir por enfermedades y presentar retraso en el crecimiento durante el resto de su vida. No es necesario un grado avanzado de desnutrición para sufrir consecuencias graves; tres cuartas parte de los niños y niñas que mueren por causas relacionadas están sólo ligera o moderadamente desnutridos” (https://www.unicef.org/mexico/desnutrici%C3%B3n-infantil)

De manera preocupante, ´ni la actual administración federal, ni los estados de la república, y menos aún los municipios, han asumido con la seriedad y urgencia que requiere esta problemática. Esto es así, porque el hambre, se ha dicho en numerosas ocasiones, representa un escándalo ético ineludible para quienes son responsables de la administración y el gobierno del Estado.

Erradicar el hambre es posible; pero requiere de compromiso y voluntad política para definir a esta agenda como una de las prioridades inmediatas del Estado. Recuérdese que, tratándose particularmente de la niñez, el nivel de inversión que se dedica al cumplimiento de sus derechos, no es sino el reflejo de las prioridades y valores de la sociedad en que viven. Estamos por ver, en ese sentido, de qué están hechos, éticamente hablando, las y los legisladores, al momento de revisar y decidir sobre el Presupuesto de Egresos de la Federación, 2020, en esta materia.

Investigador del PUED-UNAM

www.mexicosocial.org

*Nota del editor: foto tomada de https://www.unicef.org/mexico/desnutrici%C3%B3n-infantil*