Gasolinazo, punta del iceberg de una “bomba” llamada reforma energética, alertan

Continúan las voces de los expertos cuestionando los supuestos beneficios de la reforma energética. Esta vez fue Rosío Vargas, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM, quien asegura que dicha modificación constitucional “es la punta del iceberg de una bomba”.

Para la especialista, la liberalización del precio de las gasolinas y del diésel forma parte de esta reforma, con lo que se avanza en la instauración de un régimen de mercado que pretende la competencia nacional sobre bases regionales, “lo que significa pérdida de soberanía energética y de control territorial”, aseguró.

“La reforma constituye “la joya de la corona” que no logró Estados Unidos en la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en 1992, pues abre áreas que antes eran consideradas estratégicas por el Estado mexicano, como el procesamiento industrial de los hidrocarburos y el acceso a las reservas petroleras”, precisó la académica universitaria.

Asimismo, señaló que su implementación será a costa de la sociedad mexicana, con importantes riesgos para la seguridad energética del país, debido a que propicia la dependencia estratégica de las importaciones de derivados, petroquímicos y gas de la Unión Americana.

En tanto manifestó que haber entregado el petróleo ha propiciado repercusiones sociales (como el descontento por el gasolinazo) y tendrá grandes implicaciones que definirán el futuro e historia de México.

Respecto a Pemex, Vargas subrayó el hecho de que “le quitan dinero para inversiones, no le dan presupuesto, están liquidando a toda su planta; por muchos lados reducen la posibilidad de que sobreviva, cuando el mensaje era hacerla más competitiva”.

Dijo que se trata de un plan de Estados Unidos con perspectiva mundial, de un proyecto geopolítico histórico que busca el acceso a recursos como el petróleo, el gas y todos los hidrocarburos, y con la reforma energética logra ingresar al sector mexicano a través de los contratos petroleros.

Finalmente, advirtió: “Nuestro país está en proceso de integrarse a una dependencia estructural muy profunda del mercado estadounidense de refinados, petroquímica y gas natural, sin contemplar las implicaciones y el costo que tendrá para el territorio”.