Francisco de Asís y el inquietante informe sobre el clima

Autor: Saúl Arellano

Giotto di Bondone es considerado uno de los más grandes pintores del Trecento. Representante de la llamada escuela florentina. Entre sus creaciones más conocidas, se encuentran los frescos de la Capilla de los Scrovegni, así como la serie de frescos relativos a la vida de Francisco, en la Basílica de Asís.

Además de la potencia de su creación estética, en lo que se refiere al uso del color y novedosos recursos para generar efectos de profundidad, el tratamiento de los temas fundamentales de su época, convierten a Giotto en un extraordinario narrador de uno de los puntos de inflexión más relevantes en la historia del pensamiento cristiano, y el cual puede verse sintetizado en el cuadro titulado: “Francisco predicando a las aves”, en el cual se representa a Francisco de Asís alimentando y predicando el Evangelio a las aves que le rodean.

Para el pensamiento dominante resultaba inaceptable reconocer igualdad ontológica entre la humanidad y el resto de “la creación”; y que los animales, y el reino natural en general, fuese tratado con tal dignidad, que incluso fuese merecedor de recibir la palabra divina, rompiendo con ello la tradición abierta por el Libro del Génesis, respecto de una humanidad depositaria del mandato de nombrar a todas las cosas y enseñorearse sobre toda criatura viviente.

Frente a lo anterior, la postura teológica de Francisco abrió una de las tradiciones más importantes respecto de la relación que las personas debemos tener con las especies no humanas y el medio ambiente en general.

No es casualidad, desde esta perspectiva, que el actual Papa lleve el nombre de Francisco, y que uno de sus textos más relevantes sea la Encíclica Laudato Sí, una potente relectura del Cántico de las criaturas, escrito por el llamado santo de Asís, y ampliamente difundido y discutido desde su creación en el siglo XIII.

Todo lo anterior viene a la memoria, ate el nuevo e inquietante informe sobre el clima que presentó el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de las Naciones Unidas. Se trata de un documento que confirma que la alteración de los patrones climáticos globales se debe fundamentalmente a la intervención humana.

Al respecto es importante subrayar la idea de que se debe a la intervención humana, y en ese sentido, deslindar a la totalidad de la humanidad; porque si se es estricto, habría en realidad miles de millones de personas que están excluidas de las decisiones que nos han conducido a la mayor crisis ambiental en siglos, y que antes bien son sus víctimas directas, padeciendo los peores efectos del hambre y de los fenómenos climáticos extremos, que van, de las sequías, pasando por los terribles incendios forestales, y hasta las torrenciales lluvias y cada vez más devastadores huracanes y tormentas tropicales.

Las consecuencias están en todos los ámbitos, y de ninguna manera puede obviarse que la pandemia de la COVID19 que sigue cobrando vidas y generando estragos económicos en todos lados, es parte de la ruptura del orden ecológico planetario.

Dice Francisco de Asís en el Cántico de las Criaturas:

“Alabado seas mi señor, por la hermana nuestra madre tierra,

la cual nos sostiene y gobierna

y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas”

Hemos pretendido gobernar a la tierra, con violencia y tiranía; y el costo que estamos pagando es brutal. Enfermedad, hambre y muerte, que se traducen en penurias e historias de tristeza que se cantan y lloran, y desde las cuales se clama por una tregua en esta salvaje guerra de aniquilación de la naturaleza que se ha emprendido de manera irracional desde los ejes del poder planetario.

Ya no hay tiempo. La ciencia lo viene advirtiendo desde hace treinta años. El daño a la tierra podría ser irreversible en el muy corto plazo y las consecuencias para la vida serían auténticamente catastróficas. Estamos en la hora límite y depende sólo de nosotros regresar al tiempo que nos marca nada menos que nuestra casa común

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*