El Tri resultó la misma gata, pero revolcada

De más a menos fue la actuación de la Selección Mexicana en Rusia 2018. Sí, se le ganó al todavía campeón del mundo, Alemania, pero viendo el papelón que tuvo el conjunto teutón en este Mundial, nos damos cuenta, que el conjunto dirigido por Joaquim Low no venía al 100 por ciento, es más, el nivel que mostró estaba al 50, al caer también con Corea del Sur, y quedar fuera.

Ese triunfo ante los alemanes, pudo habernos hecho daño. Ese ambiente triunfalista que se generó en los jugadores principalmente, saltaba ante cualquier crítica de los medios de comunicación. Sobre todo, del Chicharito Hernández, quien, en vez de dedicarse a jugar en el campo, lo hizo fuera de éste. Sólo pudo meter un gol y dar una asistencia en Rusia, y de ahí en fuera nada, dedicado a arremeter contra todos los que no pensaban o imaginaban “cosas chingonas” como ellos o alegatos en el terreno de juego.

El descalabro de México en Samara ante Brasil, cerrará algunas etapas que van desde altos directivos como Decio de María, el entrenador, Juan Carlos Osorio y jugadores icónicos de los últimos años como Rafael Márquez, pentamundialista mexicano que anunció su retiro.

Juan Carlos Osorio se quedó con los mismos resultados de sus antecesores, Miguel Mejía Barón (1994), Manuel Lapuente (1998), Javier Aguirre (2002), Ricardo La Volpe (2006), Javier Aguirre (2010), Miguel Herrera (2014), al no lograr en este proceso la meta del famoso quinto partido.

Sabemos que Brasil luce y deja jugar, por genes, por biotipo, por escuela, por el cromosoma que tienen del futbol, puso epitafio de 2-0, y pudieron ser más, pero gracias a Dios, tenemos al portero más atajador del evento, Guillermo Ochoa, que, por cuarto partido consecutivo, se convirtió en el jugador más valioso de México, al atajar cinco disparos que iban directo a gol.

Osorio juega a ver qué sale. Mete a Miguel Layún y saca a Rafa Márquez, mientras recorre a Edson Álvarez a media cancha, cambios que Brasil abusó de la inexperiencia desde el reinicio; terminó como comenzó: paseándose, divirtiéndose, entrenándose. México, en su batalla honesta, gallarda, pundonorosa, generosa, se encontró con las diferencias genéticas y futbolísticas, que ahora Brasil sí pone, con Tite, en la cancha.

La ilusión y esperanza que el Tri despertó en la afición mexicana era de humo, creo que hace cuatro años, el equipo nacional, con Miguel Herrera, jugó mucho mejor que con el colombiano. En Brasil 2014, estuvo bien manejado, a tal grado que estuvo a cinco minutos del quinto encuentro y dejar fuera a Holanda.

Esta vez, fue Memo Ochoa contra el mundo. México llegó a un duelo de matar o morir ante Brasil, y si bien tuvo una gran primera parte, en el segundo tiempo no pudo con los embates brasileños, y una genialidad de Neymar llegó el primero de la Verdeamarelha y con ello terminó el sueño mexicano.

Brasil no brilló, no encantó y ni mucho menos enamoró, pero ganó gracias a un Neymar, que por fin marcó las diferencias.

El conjunto de Tite desactivó a un México. Atrás, no hay quien le marque un gol a este Brasil, solo ha recibido uno en cuatro choques y arriba, cuando Philippe Coutinho no decide, hay Neymar, Willian o Firmino, y con esto ha confirmado su candidatura al título, dio una muestra más de equilibrio en defensa y lo que más gusta al apasionado espectador que espera impaciente el Mundial para ver a los más grandes. El jogo bonito apareció en cuanto quisieron. Brasil exhibió otro genio hasta ahora apagado: Willian. Tiene tanta calidad esta selección que pueden turnarse sus fenómenos para hacer apariciones estelares.

En tanto, el “10” apareció en este Mundial para reestablecer el orden, para reclamar su jerarquía. Kylian Mbappé es la gran alegría; el goleador más precoz de la selección francesa en una Copa del Mundo, alcanzó en Kazán la consideración de Rey del Mundial.

En mayúsculas y sin discusión. La tarde en que las miradas se centraban en un cara a cara entre Messi y Griezmann, el joven crack del PSG se llevó todos los honores y catapultó a Francia a los cuartos de final.

Rusia se queda con una que otra figura internacional: Messi seguirá levantando trofeos en España, y haciendo delirar a la tribuna blaugrana, pero la deuda será eterna con su selección, su país, su gente, su sangre, su patria. Leo volvió a deambular en el juego, ahora contra los franceses. Y que esa excelencia futbolística, ese ejemplo de talento que le acompaña en el Barcelona, nuevamente en la cita determinante con la albiceleste, volvió a carecer del fervor competitivo de los grandes genios: Pelé, Ronaldo (el Fenómeno), Maradona, y hasta Garrincha.

Al igual que el argentino, Cristiano se quedó sin la gloria de levantar la Copa del mundo. Nada pudo hacer ante Uruguay. Dio una gran primera fase, al firmar su mejor producción mundialista, con un total de cuatro goles, se convirtió en el cuarto jugador en marcar en cuatro Copas del Mundo y el máximo goleador internacional europeo con un total de 85 tantos, pero en los octavos de final, ya no puo hacer algo.

Neymar está más cerca de trepar a lo más alto del podio. Sumó su segundo gol en el Mundial pero lo que es más importante, ejerció el liderato que le reclamaba Brasil.

México lo intentó más con el corazón que con argumentos de peso. No basta con “imaginarnos cosas chingonas”, hay que realizarlas. Y Brasil, como hacen los grandes, no perdonó cuando tuvo la oportunidad.

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*