El poder de Mbappé de decirle una vez más al Real Madrid, “no”

Todo el madridismo salió a expulsar su frustración al conocerse el rechazo de Kylian Mbappé al Real Madrid.

Su defensa era: “Al Madrid no se le puede decir que no”, “No hará nada en su carrera, lo que es no querer crecer”, pero déjenme decirles que no es la primera vez que el joven francés les hace el feo. Ya son tres ocasiones, pero ésta, sí que les ardió. Porque ya veían la dupla francesa Benzema-Mbappé dominando las áreas rivales. Es más, las playeras con el número 7 de Mbappé ya se estaban vendiendo. Todo era un hecho, pero hay un dicho: “Del plato a la boca, se cae la sopa”.

El madridismo, se encontraba relajado, soñando en Mbappé y sus goles que caían uno tras otro, en una utopía.

El Bernabéu aparecía siempre en pie y aplaudiendo al portentoso futbolista francés. Hasta que llegó Al Khelaifi, el hombre del saco lleno de billetes y, con un zarandeo brusco, despertó a los soñadores madridistas, incluido el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, a quien ya le había advertido: “Kylian se mira, pero no se toca”.

Gran parte de la afición madridista se pregunta si este desenlace no podría haber tenido lugar hace unas semanas y no a las puertas de una final de Champions League que, crueldad del destino mediante, se disputa en la ciudad de Mbappé.

El madridismo también se pregunta por qué el jugador ha jugado con el sentimiento blanco: durante meses han sido habituales las filtraciones del Real Madrid, de que Mbappé había dado su palabra de jugar en la Casa Blanca a partir de junio.

Pero la verdad es que nunca escuché de Mbappé, el prometer vestir la camiseta del club Merengue para la siguiente temporada, pero ahora lo acusan de traidor y de dejar plantado a todo el madridismo, tras aceptar una extensión de su contrato de tres años por una ridícula cantidad de dinero de alrededor de $600 millones y que lo convierte en el futbolista mejor pagado de la historia.

Todos los que ya veían a Mbappé en el Madrid, incluidos directivos, jugadores y aficionados, dieron paso a una serie de especulaciones sobre el verdadero, genuino, real y honesto deseo del francés, ya sea de continuar en su tierra natal o de cumplir su deseo de pertenecer al Rey de Europa.

Hoy, con la renovación que ha pactado con los árabes, me queda claro que el sueño de Kylián fue por unas cuantas noches y no de toda su vida o tal vez más a futuro. Quizá no nos mintió cuando manifestó que lo único que quería era jugar en el Madrid. Sin embargo, entiendo que todos alguna vez pudimos haber manifestado poseer el gusto o tener la afinidad por algo, sin que eso nos obligara a mantenerlo vigente por el resto de nuestros días.

Mbappé ha ganado 13 trofeos de clubes en su carrera en todas las competiciones. También ganó la Copa del Mundo en 2018, siendo figura de la Francia campeona y de la UEFA Nations League 2020-21.

Por delante vendrán más trofeos que conquistar y no porque allá rechazado al Madrid para la próxima temporada, su carrera se vendrá abajo, como todos los madridistas señalan.

Pero no se preocupen, que para el 2024, se reiniciarán las negociaciones por Mbappé. Real Madrid y PSG volverán a ser protagonistas del cuarto capítulo de la novela francoespañola. Cuarta, sí porque con ésta, ya son tres, las veces que Mbappé le ha dicho “NO” al Madrid. Y es que toda esta historia comenzó en 2012 cuando el jugador tenía 14 años y el Real lo quiso fichar.

Mbappé ha firmado hasta 2025, pero en 2024, cuando le quede un año de contrato, estoy convencido que se repetirá la historia. El Real Madrid le querrá, el PSG le ofrecerá la renovación y, de nuevo, le tocará a Mbappé elegir. Sí, ahora mismo, el madridismo está en armas contra el jugador y no le quiere ver vestido de blanco nunca, pero el tiempo y los goles y el buen futbol todo lo curan. Al tiempo. De momento, Mbappé ya ha comenzado a calmar las aguas diciendo que él es madridista desde pequeño, pero que es más francés que todo lo demás.

Más allá de los millones que se va a embolsar, no creo que sea cuestión de dinero. El PSG es uno de sus equipos favoritos de su infancia, el otro sigue siendo el Real Madrid, y a como dé lugar quiere darle la Champions League al conjunto parisino, para después disfrutar de otras mieles con el equipo más ganador de la Champions League, la que está por ganar la 14 Orejona, este próximo sábado, cuando disputen la final ante el Liverpool.

Para el 2025, año en que acaba la renovación, Mbappé tendrá 26 años, buenos años para seguir escribiendo con letras doradas su nombre, pero ahora con el Real Madrid, en caso de que haga a un lado el orgullo y quiera ficharlo.

Y si no va a la Casa Blanca, habrá equipos que buscarán tenerlo en sus filas, pocos serán, con la posibilidad de pagarle lo que pida.

A Mbappé le importa un pepino el Bernabéu y la historia del Real Madrid. Le interesa cero el peso de la camiseta y la épica del club blanco se la pasa por el Arco del Triunfo, por ahora. Hoy busca seguir en su país, con su afición, ya habrá momento para salir. Se sabe de su poder en el terreno de juego. Esta consciente del gran futbol que esta por mostrar a sus 23 años.

Kylian convirtió su renovación en una subasta con dos compradores, Florentino Pérez y el Emir de Qatar, como únicos potenciales compradores. Y aunque el presidente madridista tiene mucho poder y el Real Madrid está saneadísimo, al Emir, le dio risa cuando le plantearon el pulso.

Ahora caerán sobre Kylian montañas de críticas, pero el portentoso futbolista francés seguirá a lo suyo, coleccionando billetes, trofeos y goles vestido con la camiseta del PSG.

Puso de rodillas al Real Madrid, y en la historia del futbol, solo ha habido dos jugadores que han puesto de rodillas a casi un estado y al mayor club del mundo, el otro fue Edson Arantes do Nascimento, Pelé.

Para Mbappé se acabó Madrid. Solo irá a la capital española, si le toca jugar en el Wanda Metropolitano o en el Santiago Bernabéu, en donde será recibido igual o peor a como en su día lo fue Luis Figo en Barcelona, ya no será ovacionado por esa afición que ya lo sentía suyo, como se lo hicieron sentir a principios de marzo, en los octavos de final ante el PSG.

El pecado de Mbappé, supone una traición al sentimiento de una afición, una renuncia a la lealtad a cambio del dinero y una concesión al poder político, que nunca ceja en su afán de meter las garras en el deporte. La “traición” de Mbappé alcanzó el corazón del madridismo.

Mbappé era el eje del Real Madrid de la década, y ahora hay que rehacer el proyecto sin ningún otro crack de su nivel en el horizonte. Volverán al axioma de Di Stéfano: "Ningún jugador es tan bueno como un equipo entero", pero un jugador si puede volverse el enemigo número 1 de un club, y ese, ahora mismo es Mbappé para el madridismo.

*Nota del editor: foto en portada: @KMbappe*