Messi acaba con los sueños de ver al Madrid campeón

Intentaron robarle la Liga al Barcelona. Pero no pudieron. Porque este Barça, a pesar de su irregularidad, de sus muchos errores, de sus tropiezos inesperados e injustificables, sigue siendo mucho Barça cuando juega como sabe. Y este domingo en el Bernabéu, jugó como un campeón.

Este Clásico fue un partidazo. El Real Madrid estuvo bien y tuvo muchas opciones de ganar. Pero el Barça tiene a Messi, ese dios del balón que resiste todos los golpes y es capaz de levantarse, pañuelo ensangrentado en mano, y resolver un partido para enmarcar. Leo se ha coronado una vez más en el Bernabéu.

El Barça demostró que el Madrid se aguanta con alfileres, se mantiene gracias a la suerte y a muchas otras cosas, por no decir ayuda arbitral. Y que los culés se sostienen por el gran Lionel Messi. Porque era el día, era la noche, era el rival, era el escenario, era el momento y era la última oportunidad de una temporada que puede ser dudosa, pero que le dio a Messi la mejor de las victorias, la conseguida en el mismísimo Bernabéu, volviendo loco al Madrid, sus jugadores y su afición, sacando de quicio a Sergio Ramos, que se fue expulsado, a Marcelo y a Casemiro, quienes también se debieron ir expulsados en el primer tiempo, y logrando el gol del triunfo en el minuto 92, que le enseñó su poder al errático Cristiano Ronaldo, quien quedó totalmente eclipsado por la brutal exhibición de Messi en el Bernabéu. El mundo volvió a ver la exhibición del mejor jugador del planeta, mientras que el astro portugués fracasó en una cita trascendental en la lucha por la Liga. CR7, que venía de endosarle cinco goles (dos de ellos ilegales) al Bayern Munich en la eliminatoria de cuartos de final de la Champions, comenzó muy fuerte el Clásico, pero terminó dando patadas al aire, al suelo, gritando y quejándose de que sus compañeros no le cometieran falta a Sergi Roberto en su ya gloriosa galopada que dio inicio al gol histórico de Leo.

El de Madeira sigue desaparecido en Liga. No marca desde el pasado 12 de marzo, ante el Real Betis en el Santiago Bernabéu, y el Pichichi, Messi, le saca 12 goles en el campeonato español (31 tantos del argentino por 19 del portugués). The Best viste de azulgrana y luce el “10”, que es la auténtica pesadilla de un Real Madrid que se ha visto sometido a su dominio futbolístico desde que debutó a las órdenes de Frank Rijkaard en el 2003.

Esos dos goles al Madrid encumbraron a Messi con 500 goles como blaugrana. El único capaz de ganar por sí solo un Clásico, un Leo trascendental por todo. Por su genialidad, por sus goles, por su técnica, pero sobre todo, por su capacidad para decidir un partido y quizá también un título. Un fuera de serie que no sigue ningún guión, determinante cuando debe serlo, brutalmente demoledor, el único que se quita la camiseta y muestra al Bernabéu su nombre, ese que les ha restregado desde que debutó.

El árbitro condicionó el clásico con sus decisiones de la primera parte, perdonando las expulsiones de Marcelo por un codazo en la cara a Messi, que acabó tumbado en el suelo, sangrando por la boca, y de Casemiro, al que no se atrevió a enseñar la segunda amarilla. Patética la actuación del silbante, que pudo dejar con 9 al Madrid antes del descanso, pero no quiso hacerlo, aunque también a los blaugrana les perdonó un penalti.

Pero Messi no estaba para concesiones. El partido había que ganarlo y lo ganó él, con un tanto que lleva su sello. Era el doblete, el triunfo, el gol 500 del Pichichi de los Clásicos. Del cinco veces ganador del Balón de Oro y camino al sexto. A 13 segundos para el final.

Un sinfín de jugadores y ex jugadores dicen que el Barça sigue siendo el mejor del mundo, porque tiene a Lionel Messi, que es el mejor de la historia. Sumaron tres puntos de oro. Vuelve a estar en la lucha por la Liga, pero, sobre todo, recupera parte del orgullo, del futbol que parecía haber perdido tras la derrota ante el Deportivo y la eliminación de Champions ante la Juventus.

En el Bernabéu, Lionel Messi escribió otra página inolvidable en su historia interminable desde que fichó por el Barça. Volvió a dejar claro en el Bernabéu quién es el mejor futbolista. Leo firmó su gol número 13 y 14 en la Casa Blanca, de los 16 que lleva ante el acérrimo rival en Liga, que significaron el 22 y 23 al Real Madrid en todas las competiciones.

El arbitraje fue el clásico en Chamartín, aunque en la segunda parte no tuviera más remedio que expulsar a Sergio Ramos por una entrada desproporcionada que pudo lesionar de gravedad a Lionel Messi. Y luego mostrar tarjeta amarilla a Kovacic por la misma razón.

Parece que esta Liga tiene que ganarla sí o sí el Madrid. Que, por cierto, sólo ha ganado una en ocho temporadas; sin embargo, se toparon con un Messi soberbio, quien tras marcar su gol 500, tuvo el gesto rebelde de quitarse la camiseta, esa con el número “10”, y mostrarla. Fue un momento solemne: se paró detrás de su camiseta, los brazos extendidos y la mostró a millones de personas. En ese momento en que cualquiera salta, grita, gesticula, Leo Messi, que acababa de volver de una derrota tan cantada, se paró frente al mundo y mostró su camiseta: este soy yo, miren y callen.