En los ecos del Azteca, seguirá retumbando una voz

Entre la algarabía de Cruz Azul y América por ser los primeros clasificados a la liguilla, o el orgullo de que el mexicano Víctor Guzmán anotó cuatro goles con Pachuca, o ver a las Chivas, nuevamente en crisis futbolística y económica, a tal grado que Jorge Vergara, ya piensa en vender al Rebaño, el futbol mexicano lamentó el fallecimiento de Don Melquíades Sánchez Orozco, la voz del Estadio Azteca.

Cómo olvidar esa voz tan exquisita, que durante 52 años fue parte de la historia del coloso de Santa Úrsula, al anunciar la alineación titular de los equipos o los cambios que se hacían durante el juego, y que yo la empecé a reconocer a mediados de la década de los 80, al igual, cuando anunciaba una caricatura en el Canal 5, o en el clásico “Canal 5 al servicio de la comunidad”, donde prestaba su voz para buscar a la gente extraviada.

Esa voz ya no se escuchará más. Con la muerte del Perraco se va una parte del alma del Azteca; cómo le gustaba mantener el suspenso en el estadio, pues en esas épocas, ante la ausencia de los celulares y redes sociales, la única vía de información de lo que pasaba en otros partidos que se jugaban a la misma hora, era su voz y él lo sabía: “Marcador en el Jalisco... (venía una pausa), Chivas 2, Puebla... (otra pausa más larga) uno”, y el festejo o rechifla en la tribuna no se hacían esperar.

Un hombre dedicado al futbol. Un hombre que sin quererlo, se convirtió en una leyenda de la locución mexicana. Y un fiel seguidor del balompié mexicano.

Don Melquíades, desde niño mostró una pasión única por la pintura y por la electrónica. Incluso realizó unas exposiciones que le dieron dinero para viajar desde su natal Tepic hasta la Ciudad de México, pero su pasión por la electrónica, lo llevó a visitar una emisora de su ciudad para ver cómo funcionaba el sistema de transmisión. Mientras esperaba, alguien se le acercó para preguntarle si era la persona que iba a realizar las pruebas y él contestó que sí. Realizó la prueba y por su gran voz, se quedó. Así empezó la historia de una leyenda.

Cosa curiosa, no asistió a su primer día de trabajo, porque no se enteró, sino hasta después del primer día. En el juego del América frente al Torino, que inauguró el Estadio Azteca, la voz oficial no estuvo presente porque nadie le avisó que se había quedado con el puesto. Un par de semanas después pudo debutar ya en un juego de Primera División.

Medio siglo asistiendo a su cabina para informar a los asistentes de cada anotación, cada tarjeta, hacer una mención comercial y hasta informarle a algún niño perdido que sus padres lo esperaban “en el túnel número 30”.

“También he vivido cosas curiosas en todos estos años. Una vez llegó un señor a la cabina y me dijo: “Oiga, ¿puede vocear a mi hijo porque se me perdió? “Como no, con mucho gusto ¿cómo se llama el niño? “Le dicen la mosca”. “Ah no por apodos no se puede.

“Otro día llegó otro señor y ese si lo tuve que anunciar porque me juró y me perjuró que su hijo se llamaba Winnie Pooh Pérez: “Al niño Winnie Pooh Pérez lo esperan en el túnel numero 30”.

Siempre amable, para los asistentes al estadio era común encontrarlo por las rampas del Azteca, acompañado de su inseparable esposa (fallecida apenas el año pasado), siempre dispuesto a las fotos, al saludo o hasta favores como el de anunciar un gol ficticio.

El destino quiso que su último partido fuera el Clásico Nacional, América vs. Chivas; la tarde del 30 de septiembre fue la última vez que se escuchó su voz, con el gol de Andrés Ibargüen.

Testigo de miles de goles, tras los poco más de 52 años mencionando uno a uno al anotador de cada gol; no importaba si era el América, el Cruz Azul, Necaxa, el Atlante o la Selección Mexicana, Don Melquiades mencionaba con la misma sobriedad y potencia un gol de Pelé o el gol del siglo de Maradona o el de tijera de Negrete en México 86, no importaba si era un golazo de Hugo Sánchez, de Cuauhtémoc Blanco, de Enrique Borja, de Carlos Reinoso, uno de la visita o el gol de algún jugador debutante. No era un porrista más, era la voz del estadio y cuando hablaba, el Azteca callaba para escucharlo.

Hace poco señaló que le habría gustado dejar grabado un audio para que el día en que se muriera, se anunciara él mismo: “Tarjeta roja para el locutor del estadio”, pero yo sólo digo: Cambio en el Estadio Azteca, sale Don Melquíades Sánchez Orozco…, entra la leyenda.

@Hortattack

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*