Kobe Bryant, un amante del soccer, siendo una leyenda del basketball

Esta vez Romperredes no será de futbol, pero sí será sobre un deportista que le gustaba el soccer. En honor a la leyenda Kobe Bryant, quien falleció este domingo 26 de enero en un accidente de helicóptero junto a su segunda hija Gianna Maria Onore Bryant, quienes se dirigían a la Academia Mamba para una práctica de baloncesto cuando ocurrió el accidente.

Bryan no sólo tenía inclinación por el baloncesto, sino que la leyenda estadunidense tenía una segunda pasión: el futbol. Su amor por el balompié inició al mudarse a Italia, este deporte lo llevó a romper las barreras culturales y durante 8 años se dedicó a mediar su entusiasmo por ambos deportes, pero finalmente se decantó por el deporte ráfaga.

Marcó sus primeras canastas cuando Marco van Basten, Rudd Gullit y Frank Rijkaard maravillaban al mundo con su futbol con el AC Milan; fue en Europa donde creció la Mamba Negra, acompañando a su padre Joe en el final de su carrera como basquetbolista, cuando intentó la aventura europea en varios clubes de Italia desde 1984.

"Tengo sangre rossonera, soy un rossonero puro", había dicho la leyenda de la NBA años después a un canal de televisión deportiva de habla hispana-estadunidense, admitiendo su respeto por el tridente holandés.

No es casualidad que Kobe a lo largo de su carrera, pero especialmente después de su retiro en 2016, se dedicara a viajar por el mundo para asistir a los partidos más importantes del futbol mundial y visitando clubes y a los mejores jugadores activos como con Ronaldinho, Neymar, Messi, Iniesta, Henry, entre otros.

Kobe, siempre se comparó con los mejores del futbol: "Es la primera vez que veo a Neymar personalmente (Brasil vs Italia 2013) aunque estoy oyendo cosas excelentes de él. A Lionel Messi ya lo conozco desde hace mucho, es increíble su capacidad para jugar de manera decisiva y objetiva absolutamente todas las veces que tiene el balón. Y dicho esto, debo añadir: Cristiano Ronaldo también me parece sencillamente espectacular. Creo que todos ellos ven el deporte como lo veo yo".

Hace unos días y antes de que se confirmara el traspaso de Chicharito Hernández al LA Galaxy, el que sí era leyenda, Kobe Bryant, le dio la bienvenida a Los Angeles: "Es bellísimo para la MLS, para Los Ángeles es importante tener estrellas tan competitivas. Para la MLS es muy importante tener un nombre tan grande como Chicharito", señaló Kobe en un video, hablando en español, idioma que aprendió, gracias a su esposa Vanessa Laine Bryant, de origen mexicano, su compañera por más de dos décadas. Pues aunque Vanessa nació en Huntington Beach, California, sus padres son mexicanos.

Su amor por su esposa Vanessa, cuyos apellidos originales son Cornejo Ubrieta, hizo que Bryant estudiara español hasta que logró hablarlo con soltura. Uno de sus métodos favoritos para aprender el español era ver el programa Sábado Gigante y la telenovela La Madrastra, además de que su conexión mexicana lo hizo presumir su gusto gastronómico por las carnitas y el flan.

Hay personas que tardan toda una vida en encontrar su pasión y su meta. Kobe Bryant la sabía desde que tenía nueve años: “Ser el mejor jugador de basquetbol de la historia”, casi lo logra, pues en el camino se le apareció antes Michael Jordan, aunque conquistó cinco anillos de la NBA, dos medallas olímpicas, entre muchos galardones y marcas deportivas entre la que destaca y que este pasado sábado Lebron James lo descendió al sitio de el cuarto máximo anotador en la historia de la NBA -y primero de los Lakers- con 33,583 puntos en 1,346 compromisos, y otros tantos premios y récords más, de tanta importancia como el de conquistar el premio Oscar por el cortometraje animado Dear Basketball, tras su retiro de las duelas, antes de que se le retiraran sus jerseys en Los Lakers de Los Angeles, donde utilizó: el número 8 y el número 24.

Kobe fue apenas el sexto jugador en decidir ir directamente de la preparatoria a la NBA. A los 18 años ya pertenecía y pretendía seguir los pasos de su gran ídolo, Michael Jordan. Lo admiraba, le copiaba sus movimientos, hasta la manera de mascar el chicle, pero a la vez, lo perseguía.

Bryant fue el jugador que más se pareció a Jordan. Por su agresividad a la hora de atacar la canasta con un estilo atlético inusual; sus jugadas en la duela como si fueran hechas con papel calca, entre ellas las de perfeccionar ese fade away legendario, pero, más que nada, por su mentalidad ganadora.

Las rivalidades estaban en el centro de la escena y para ser el mejor, no podías tener muchos amigos y menos entre los contrincantes. Así lo aprendió Kobe de Michael, su ídolo, así fue durante la mayor parte de su carrera.

“La mentalidad es el camino. Se trata de la preparación y la intensidad con la cual encaramos todo lo que hacemos. Es un estilo de vida”, explicó Bryant en su momento.

Eso fue justamente lo que hizo ante los Toronto Raptors hace poco más de 14 años, cuando anotó 81 puntos en un juego y quedó segundo detrás de la marca de 100 anotados por Wilt Chamberlain en 1962.

Esa intensidad en la cancha muchas veces no caía bien en los rivales, tal vez, porque siempre le ofrecemos oposición inicial a lo que no entendemos.

Bryant simplemente era distinto y parecía ser el último exponente de la vieja escuela que quedaba en la era contemporánea. Eso es lo que sucede cuando juegas 20 años para una sola franquicia, como lo hizo con Los Angeles Lakers.

No es casualidad que el jugador Kyrie Irving decidió no jugar el domingo para los Nets o que el Madison Square Garden decidió teñirse de dorado y púrpura. Cómo olvidar la ovación que le dieron en el Garden en Boston, ciudad del más acérrimo rival de Kobe y al que le ganó el último de sus cinco títulos en su última visita a Massachusetts como jugador.

Kobe creció con el deseo de ser Michael Jordan, pero la siguiente generación, muchos de los quienes juegan hoy, crecieron con el deseo de ser Kobe Bryant y no sólo en Estados Unidos. Kobe Bryant es una figura global y probablemente sea aún el jugador más popular en China.

Como amante de la cultura que era, Kobe tomaba orgullo en ser considerado “el embajador de la globalización” de la NBA.

La parte humana también le fue reconocida, ayudaba a sus compañeros que vivían en un mundo negro o siempre respetuoso con los reporteros que cubrían sus juegos.

Esa clase de persona era Kobe Bryant, un padre dedicado de cuatro hijas, el mismo al que le preguntaron si iba a buscar el varón para continuar su legado y respondió, “ya tengo a mis hijas para eso”.

Hoy, los que jugamos básquet y seguimos su carrera o los que no lo hayan conocido, una parte de todos nuestros corazones está rota. Se fue un ser difícil de igualar, que combinaba el carácter con el talento, pero, más que nada, era un ser inspirador que iluminaba cualquier habitación a la que ingresaba.

*Nota del editor: Foto en portada: especial Internet*