Claroscuros del Tri Olímpico

Cinco días de actividad en los Juegos Olímpicos y ha habido de todo en la delegación mexicana, entre decepciones con el equipo femenil de Tiro con Arco, que fue eliminada en los cuartos de final; alegrías, con la única presea que ha ganado el país, hasta este lunes 26 de julio, con el bronce de Alejandra Valencia y Luis Álvarez, en el equipo mixto de arquería y porque no, con los despechos en un desatinado tuit, de una figura del deporte nacional como lo es Paola Espinosa, por el cuarto lugar de sus compañeras Dolores Hernández y Carolina Mendoza, luego que estas últimas le ganaron su boleto a Tokio 2020 a la propia Paola y a Melany Hernández en la prueba de trampolín de 3 metros sincronizado.

De lo que hemos visto hasta ahora, en el futbol olímpico hay posibilidades de volver a subir al podio como se hizo en Londres 2012. Pero es muy importante acabar con los claroscuros eternos del balompié mexicano.

Una bipolaridad que predomina en nuestro balompié y sobre todo en las Selecciones Nacionales.

Hace unos días, el Tri del Tata Martino sufrió el agobio ante El Salvador y sacó una victoria de sonrisa torcida, amarga en la Copa Oro, para después tener un contraste ante Honduras; mientras que el Tri Olímpico, del Jimmy Lozano, se pavoneaba con un 4-1 sobre Francia; tres días después, con la cabeza abatida con la derrota ante los anfitriones japoneses.

Este domingo, los olímpicos fueron descuartizados futbolísticamente por los samuráis. El 2-1 es una mentira. Japón pudo filetearlos, pero se conformó con hacerlos trozos y no trizas.

En el debut el Tri aprovechó la lentitud defensiva de los galos en las laterales. Alexis Vega y Diego Lainez se dieron un festín, escenario opuesto ante los nipones, que veloces y pegados como estampilla, nulificaron totalmente a los dirigidos por Jaime Lozano.

Así como se reconoció al Jimmy Lozano por la correcta lectura de juego con los cambios de: Esquivel, Antuna y Aguirre ante Francia, frente a Japón le falló, dejando en campo más tiempo del esperado a Luis Romo y Henry Martín, que en calidad de refuerzos no han rendido como se espera hasta el momento.

“Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”, un dicho sabio. El triunfalismo prematuro por tumbar a Francia elevó al cielo las expectativas de este equipo. Con esta caída bajarán los humos en la espera de sacar conclusiones positivas de cara al último partido en la Fase de Grupos.

Con la expulsión de Johan Vázquez y la lesión de Aguirre, el señor Lozano deberá modificar su 11. Es probable que Loroña repita como carrilero derecho y Jorge Sánchez por izquierda, mientras que para suplir a Vázquez podría retrasar a Romo a la central y dar entrada a Esquivel en la contención.

Será ante Sudáfrica el miércoles 28 de julio cuando México defina si avanza o no a los 4tos de final. Los africanos llegan con 0 puntos y con escasas opciones de seguir con vida en el certamen.

Veremos entonces para que le alcanza a esta Selección Mexicana, que fiel a su historia, pasa de la euforia a la incertidumbre en un santiamén. Ni tan buenos por tumbar a Francia, ni tan malos ahora por caer con Japón.

Durante el juego de México y Francia, la frase clásica de la costarricense Chavela Vargas: “Los mexicanos nacemos donde nos da nuestra chingada gana”, bien le quedó al francés naturalizado mexicano, André-Pierre Gignac, quien ha creado un poderoso vínculo con México, especialmente con Monterrey, y especialmente con las pasiones que despierta Tigres, en su universo, pequeño, pero su universo al fin.

Gignac tuvo un gesto cargado de emotividad. En su debut olímpico, curiosamente ante México, él estuvo en la goleada Tricolor a la Bleus. Marcó desde el manchón penal. Juntó las manos e hizo una reverencia como ofreciendo disculpas a su afición adoptiva, por flagelar la portería de Guillermo Ochoa.

Gignac, se ha convertido en el mejor jugador del torneo de futbol olímpico, al sumar cuatro goles y una asistencia.

El verso de “amo a México y le estoy muy agradecido porque me ha dado todo”, escapa al discurso de Gignac. Decirlo, se dice en un resoplido. Agradecerlo seriamente, se hace de otra manera, a la suya, con hechos.

Los éxitos no son obra de la casualidad, son una consecuencia del trabajo duro que día con día los deportistas ejecutan para poder aspirar a ganar una medalla o un trofeo. Pero al final, ni todo el oro del mundo puede comprar la alegría que un ganador experimenta al recibir una medalla, al subir al podio o al levantar un trofeo.

*Nota del editor: foto en portada: @miselecciónmx*