El Centenario retoma brillo

El América reivindicó en parte su Centenario al ganarle a las Chivas con base en orgullo y amor propio.

Pese a la ausencia de Rubens Sambueza por lesión, lo que se creía que le pesaría de sobremanera al equipo de Ricardo La Volpe, finalmente los de Coapa consiguieron imponerse en su partido más importante de la campaña.

Así, las Águilas dejan fuera de la Liguilla a su archirrival, Chivas del Guadalajara, para de este modo avanzar a las semifinales del Apertura 2016 con aspiraciones de título, y de paso, se reivindicaron por los tres partidos previos en el semestre que no pudieron vencer al Rebaño.

En agosto pasado, los tapatíos se impusieron en el Estadio Azteca en el Clásico de Clásicos, al vencer por 3-0 a un desdibujado América, en intenso partido de la Jornada 7.

Asimismo, dos meses después los rojiblancos los dejaron fuera del Torneo de Copa MX en tanda de penales, para colocarse en la final de dicho certamen.

Por si fuera poco, en la ida de los cuartos de final del presente torneo, las Chivas le arrancaron el empate a un tanto a los capitalinos en el Estadio Azteca, donde estos últimos perdieron a Sambueza por un choque con Alan Pulido al minuto 37.

Sin embargo, no hay cuarto malo y los de Coapa por fin lograron vencer a su acérrimo enemigo de la forma más satisfactoria que podían tener, que fue dejarlo fuera de la fiesta grande y terminar con la ilusión de Matías Almeyda, que aspiraba a una nueva oportunidad de pelear por su primer título de Liga en el futbol mexicano.

De nuevo, Oribe Peralta, con ese olfato de cazador. Hoy está convertido en el adonis del área. El que ha rescatado el Centenario del América, por lo menos, ha acortado la esperanza hacia el título.

El América fue mejor que Chivas, porque resolvió la eliminatoria con un tiro de esquina, un buen cabezazo de Oribe y eso es todo. Al América le bastó con esa jugada, y cierta insinuación de un futbol por algunos momentos rápido y casi siempre ordenado, para ser mejor que su rival. Hasta ahí nada más. Jamás vimos al América que La Volpe prometió en la liguilla, que arrasaría con los rivales y que mostraría el poder del futbol que tan famoso ha hecho al entrenador argentino en los casi últimos 30 años.

Chivas se queda, de nuevo, en la orilla. Se murió con las ansias del impotente. La pelota fue suya, pero se convirtió en la pistola con que se disparó en su propio pie. Arriesgó, propuso, intentó, a pesar de que el 0-0 le ponía en la semifinal. Ser bravo sin ser inteligente es ser suicida. Y Matías Almeyda, el que dijo que "las Liguillas en México son aburridas", no pudo con el paquete.

América cargaba con la presión de sus aficionados al no sumar un refuerzo de lujo para esta temporada ni conseguir un rival de nivel internacional para un partido de centenario, así como presentar una playera que no fue del gusto de sus seguidores.

Las Águilas repitieron la dosis del pasado Clausura 2016 sobre el chiverío, ya que en ese campeonato, los de Coapa también lo dejaron fuera de la Liguilla en la etapa de cuartos de final.

Aquel 16 de mayo, los emplumados, que entonces eran dirigidos por Ignacio Ambriz, se impusieron al Rebaño por marcador de 2-1, para convertirse en semifinalista de la Liga MX, así que los pupilos de Ricardo La Volpe retoman la confianza ante su rival más odiado, justamente cuando su participación en el Mundial de Clubes está cerca.

Cabe recordar que pase lo que pase en las semifinales del balompié nacional, el América volará a Japón apenas concluya su partido de vuelta en dicha fase, ya que el 11 de diciembre debutará en la justa internacional ante el Jeonbuk Hyundai tará en el Estadio de Ciudad Suita en Osaka, a las 16:00 horas tiempo local (una de la mañana de México).

En caso de avanzar a la final del Apertura 2016, los emplumados la disputarían el próximo 25 de diciembre.

La diferencia entre América y Guadalajara para definir al semifinalista no fue únicamente un gol. Fue la mentalidad y costumbre de uno y otro para ganar los partidos trascendentes.

Victimario en la Copa, víctima en la Liga, Chivas terminó dando grandes muestras de fragilidad ofensiva cuando tenía más gente en el campo con la obligación de demostrar lo contrario.