Ajax y Barça dieron su mejor juego en la final de la Champions…

Ya pasaron tres días de la horrible final de la Champions League entre el Liverpool, que conquistó su sexta Orejona, sobre el debutante en esta instancia, el Tottenham.

No me cansaré de evidenciar a los equipos que juegan cobardemente a defender un marcador, siendo que tienen una plantilla vasta para dar espectáculo.

Ya lo hice con el Real Madrid que tanto presume de haber conquistado cuatro Champions League en cinco años, pero que esos títulos los hizo jugando a nada, a esperar al error del rival; la semana pasada le tocó a Tigres, que no jugó a ganar en el Nou Camp, sino a defender el gol que hizo en el juego de ida.

La final de la Champions en Madrid quedó marcada por un penalti demasiado discutible antes que se cumplieran los 30 segundos del encuentro. Fue una final sin futbol, fue un partido plano, de dos colosos físicos pero que parecieron olvidarse de la pelota hasta el último cuarto de hora, cuando ya estaban rotos y el título era una moneda al aire.

La Champions es sin duda el gran escaparate del futbol, un colosal acontecimiento deportivo seguido por más de 500 millones de personas y que el sábado dio en un Wanda Metropolitano un pobre espectáculo, sin contar la ceremonia inaugural que fue espectacular, los cánticos de las dos aficiones que invadieron Madrid antes de la final que ponían la piel de gallina.

Fue una pena que no hubieran avanzado el Ajax y el Barça, equipos con una idea futbolística enriquecedora, pero en los deportes siempre ha habido injusticias, porque en realidad el Liverpool-Tottenham parecía un duelo de perdedores, que literalmente sí lo son en la Premier League, puesto que el Manchester City, de Pep Guardiola, ha sido el gran conquistador en esa parte del mundo.

Estoy consiente que las finales se ganan, no se juegan. Pero en un año donde no llegaron a la final el Real Madrid, al Barça, el propio City, Juventus, Bayern Munich, el PSG, se esperaba mucho más de ese futbol tan dinámico, musculoso y agresivo que representan los equipos de Klopp y Pochettino.

No sé para quien será el Balón de Oro, pues el egipcio Salah no hizo mucho como para ganar la Orejona. Habrá que esperar cómo le va junto a Javier Aguirre en la Copa de África o, quién sabe, la Copa América, donde Messi tendrá otra oportunidad de ganar algo con la Albiceleste.

Si de mí dependiera, no tendría la más mínima duda. Y parece ser que el mejor defensa del momento, el gran central del Liverpool, el holandés Virgil van Dijk, coincide: “Messi es el mejor de todos y se lo merece siempre”, dijo después de levantar la Orejona en el Wanda.

A pesar de no haber llegado a la final de la Champions, no ha emergido talento alguno que le haga sombra a Messi; solo le ha aguantado el tirón el francés Kylian Mbappé, con quien hasta el último partido se estuvo disputando la Bota de Oro para conquistarla por sexta ocasión con 36 goles; también ha levantado por sexta ocasión el Pichichi de la Liga española y el título de goleo de esta edición de la Champions  con 12 goles.

Por último, me quedo con que fue una final que demostró que cuando uno pierde, como Klopp y su Liverpool, uno se tiene que levantar, seguir peleando y, 12 meses después, probar el sabor de la gloria, como le ocurrió al Liverpool.

*Nota del Editor: Foto: www.liverpoolfc.com*