Un voto razonado o de instinto comunitario

Desde Bolonia, Italia.- Ante las elecciones de Estados Unidos de América el mundo entero está en alerta y, por supuesto, muchos se reunirán para seguir el desarrollo del proceso político que pone en juego la experiencia política de Hillary Clinton y la inexperiencia política de Donald Trump. Ante la incertidumbre todos tienen la capacidad de decir su opinión pero no todos tienen el conocimiento ni la capacidad para ejercer el voto que determine al nuevo presidente. Ante el derecho de votar, los hispanos tenemos una fuerza que demostrar y ejercer para el bienestar de la comunidad y defender el sentimiento de pertenencia.

No se trata de una competencia sino de la elección de un ser humano que tendrá un poder para influir en la trayectoria histórica de este planeta globalizado. Barack Obama, el quinto presidente más joven de la historia de EE.UU., deja la Casa Blanca y los candidatos son: Trump que podría ser el presidente estadounidense más viejo de la historia tras superar a Ronald Reagan, quien tenía 69 cuando tomó juramento, o Hillary Clinton, quien se convertiría en la primera mujer presidente.

Dejemos a un lado los records, los sondeos, los encuentros televisivos, los gastos o los ahorros de cada campaña, los enfrentamientos de unos contra otros, en fin la infinidad de elementos que sirven de indicadores para imaginar quien puede ser el ganador. Lo que nos interesa es conocer sus intereses, sus conocimientos y sus posibilidades para ejercer su papel de presidente, para poder ejercer el derecho de votar no solo como individuo sino como comunidad hispana, es decir, ejercer el voto hispano que constituye una fuerza electoral con un cierto potencial que puede ser decisivo.

Según algunas estadísticas, 27,3 millones de hispanos tienen derecho al voto en Estados Unidos, el 12% de todos los ciudadanos que pueden votar en el país. Lo que significa ser la primera minoría del país y, junto con la asiática, la que más rápido crece. Por supuesto, el punto de la situación no es tanto cuántos pueden votar, sino cuántos lo hacen y dónde, ya que a lo largo de la historia la participación hispana ha estado por debajo de su potencial y la mayoría de l población latina, el 52%, está concentrada en Estados que no son clave en las elecciones: California, Texas y Nueva York, lugares donde se habla español y estamos presentes culturalmente.

La Asociación Nacional de Latinos Electos (NALEO) estima que 13,1 millones de latinos votarán mañana, 8 de noviembre. Esta cifra supone un incremento de 35% frente a las elecciones de 2008; por esto, se calcula que la cifra de hispanos que vayan a las urnas y ejerzan su voto podría llegar a los 14,7 millones, un nuevo récord. Pero repito no se trata de romper récords sino de una elecciones que determinan las condiciones de vida de millones de personas.

El voto hispano es clave para ganar la presidencia. El cálculo generalizado es que cualquier candidato necesita algo más del 40% del voto latino para vencer. Obama en 2012 obtuvo el 71% de los votos hispanos, frente al 27% de su rival republicano, Mitt Romney. Los hispanos tienen un peso significativo: en Florida constituyen el 18% del electorado y en Nevada el 17%. Iowa y Carolina del Norte se perfilan este año como potenciales estados disputados y ahí los hispanos, aunque solo suman el 5% de los votantes, podrían marcar la diferencia, al igual que en Ohio, otro estado péndulo tradicional.

Cabe señalar que Arizona no entraba hasta ahora en los sondeos porque, a pesar de tener una fuerte presencia hispana —el 21,5% de los ciudadanos con derecho a voto son latinos— es un estado tradicionalmente republicano y un estado del antiguo territorio de nuestro país, México. Ahora se cree que se podrían cambiar las tornas y los hispanos de Arizona, el 70% de los cuales se declaran demócratas, frente a un 18% que se dicen republicanos, podrían ser los que den un cambio no porque como ha dicho el candidato demócrata a la vicepresidencia, Tim Kaine: Cada voto cuenta.