La costumbre hace ley

Desde Bolonia, Italia.- A lo largo de la vida cotidiana los problemas de México son evidentes. Salimos por la mañana y hay un tráfico que nos hace perder tiempo. ¿Cómo es posible? Algunas veces las vías de circulación están en obras, otras no están ni pensadas para la multitud de automóviles, así que siempre hay una razón y ya nos acostumbramos. Claro que hay horas pico y otras en las que disfrutas estar al volante y vas como un pez en el agua. El hecho es que la circulación de los coches en ciertos núcleos de población requiere de una serie de condiciones y, por más que las autoridades hagan, si hacen, no se llegará a una situación ideal porque hay muchos de aspectos que están fuera de control.

Por cierto, he perdido el trabajo y he tenido que vender mi coche. Por fortuna, tengo una parada de Metro al lado de casa y puedo moverme por casi toda la ciudad. Estas semansa he ido a una serie de entrevistas de trabajo y a pesar del calor en los vagones, he podido llegar con tiempo suficiente para relajarme tras el ajetreo y los malos olores. Sin embargo, el Metro es lo mismo que las vías de circulación vehicular, va lleno y puede pasarte de todo: o se tarda, o está a reventar, o te deja muy lejos, siempre hay una razón pero ya me acostumbraré. El hecho es que el Metro es insuficiente por la alta densidad de población y porque la ciudad ha crecido a lo bestia.

El caso es que ya tengo trabajo. Solo tengo que despertarme muy temprano y organizar mi tiempo porque paso horas en el trasporte público. No digo nada. Soy joven y soltero, universitario y vivo con mis padres, ya me acostumbraré porque por ahora no puedo hacer nada. El hecho es que el crecimiento anual de las tasas de graduación a nivel de educación media superior han aumentado pero los niveles de abandono, de desempleo y de calidad de vida son terribles.

Con un poco de suerte, ahorro un poco o pido un préstamo, aunque tenga que pagar los intereses, para comprarme un cochecito. Solo que el salario no es maravilloso y no veo cuando me podré independizar, pero ya me acostumbrare y en una de esas encuentro una posibilidad. Me pagan por horas y cuando no trabajo no gano ni un centavo. Soy un free lance, mejor dicho, un precario, soy de esa generación que no conoce la estabilidad ni la duración. Mi madre dice que tengo que buscar algo mejor pero ahora no tengo ni tiempo ni ganas. Ya nos acostumbraremos. El hecho es que las condiciones de trabajo no son las mismas para todos, algunos ganan el salario mínimo que no te da ni el mínimo para vivir bien y otros ganan tanto que no sé cómo hacen para disfrutarlo en esta ciudad de desigualdades, de violencia, corrupción, entre otras cosas que no dejan dormir tranquilo. Ya me acostumbré.

Vivo al día. Unos van y otros se quedan, estamos en la rueda de la fortuna. Cada quien con su suerte. Ya que ni aquí ni ahí las condiciones de trabajo son excelentes. Solo que con este ritmo, no se ve que las cosas mejoren y no todos tenemos la capacidad de soportar. Usted que me está leyendo se puede considerar un afortunado porque tiene tiempo para leer, preguntarse qué sentido tiene este artículo y a dónde quiero llegar. A ningún lado. Ignoro la fórmula para salir de esta situación a la que ya nos acostumbramos. Es obvio que la problemática nacional no mejora, ni mejorara en poco tiempo. Cada quien que se rasque con sus propias uñas, pero no nos podemos acostumbrar a vivir en un país que no ofrece las condiciones necesarias para que todos vivan bien.

Atención: lo que se admite habitualmente llega a adquirir fuerza jurídica. Algunos, por su propia conveniencia, se aferran a lo que es costumbre, sin analizar si es justo o legítimo. Costumbre buena, costumbre mala, el villano quiere que valga.