¡Hasta la victoria siempre!

Desde Bolonia, Italia.- Nunca he estado en Cuba. Intenté ir en dos ocasiones y por azares del destino los viajes se cancelaron. Ahora me doy cuenta que pedí la posibilidad de conocer a Fidel Castro. Me hubiera gustado conversar con él para conocer su versión, pero sobre todo me hubiera encantado vivir entre los cubanos revolucionarios que han hecho historia a través de su lucha, aquella estructura social impuesta que daba educación y servicio sanitario al pueblo, ese  subdesarrollo que está en nuestra memoria, en sus reflexiones y en los testimonios que aseveran la historia.

En fin, hoy en día la muerte de Fidel Castro deja una situación en la que es necesario elegir entre al menos dos opciones: hacia una transición o hacia otra deformación; en ambas alternativas, los ideales del pasado son obsoletos ante la globalización y la política económica dominante. ¿Qué ha sido del bloqueo económico, de los cubanos migrantes, de todo eso que era el siglo pasado? ¿Y que será de esa política de los Estados Unidos de América que con Obama motivó un acercamiento y ahora con Trump puede tomar la dirección contraria? La realidad es otra sin Fidel, ¿cómo será la Plaza de la Revolución de La Habana? ¡Algún día iré!

Por ahora, el presidente Raúl Castro ha declarado que “frente a las agresiones apoyadas por la Organización de Estados Americanos, Fidel proclamó que detrás de la patria, detrás de la bandera libre, detrás de la revolución redentora, hay un pueblo digno dispuesto a defender su independencia y el común destino de América Latina liberada”. La incógnita está presente y la certeza es que Fidel Castro murió a los 90 años de edad.

El líder histórico de la revolución cubana ha pasado a mejor vida, sin embargo, quién no recuerda cuando desembarcó en Cuba con un grupo de rebeldes provenientes de México en 1956 para impulsar la guerrilla que derrocó a Fulgencio Batista en 1959; su querida presencia comandante al frente del régimen socialista que marcó a muchas generaciones; y desde hoy su ausencia que lloran sus partidarios que compartían una lucha revolucionaria o festejan sus adversarios que le achacan haber forjado un sistema totalitario de partido único, el caso es que hemos llegado al final de una época.

Todos nos preguntamos cuáles serán las reacciones ante la desaparición de la figura política más influyente del siglo XX en América Latina pero sobre todo qué nos ha dejado a aquellos millones de jóvenes que reconocíamos o reconocemos en Fidel Castro un compañero socialista. Y que ha dejado a nuestros hijos que en el mejor de los casos estudian la historia del héroe de la revolución como un capítulo de la historia del “¡Viva Cuba libre!” y, al mismo tiempo, escuchan en televisión a Donald Trump que califica a Castro de “brutal dictador” o a Nicolás Maduro que pide a los “revolucionarios del mundo”  seguir el legado de Castro.

Con Castro tenemos en consideración la Guerra Fría, la Unión Soviética, la invasión de Bahía de Cochino (1961), los congresos del Partido Comunista y muchos otros hechos que ante la incógnita del futuro nos hace pensar en la libertad y a cantar: Aprendimos a quererte, desde la histórica altura, donde el sol de tu bravura, le puso un cerco a la muerte. Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia, Comandante…

No olvidemos a aquel apasionado de béisbol que continuará a ser objeto de conflictos y confrontaciones entre quienes ejercen el poder y, por supuesto, entre quienes representamos la mayoría que estamos bajo el poder de pocos, muy pocos que prohíben, exigen, bloquean pero ante todo prometen mientras que nosotros esperamos.