¿Día mundial de qué? De la corrupción.

Desde Bolonia, Italia.- Erradicar la corrupción y la impunidad es una promesa. Podría ser un objetivo para un partido y un pueblo entero, pero ¿sabemos dónde estamos parados? Qué más quisiéramos que vivir en un país sin tantas desproporciones que complican la vida cotidiana y hace perder la confianza no solo en la economía sino también en la política.

Quién tiene ganas de escuchar las promesas de las próximas campañas y sobre todo, quién puede creerlas, tan solo hay que pensar en los resultados de los últimos procesos electorales que reflejan ese mundo de políticos en el que no es difícil identificar a los interesados en política que hagan de todo para ganarse un lugarcito para poder hacer lo que está en sus manitas. No se trata de combatir un partido o destruir a una persona sino comprometernos con ciertos principios y objetivos partiendo de nuestra propia realidad. Nuestro pasado se impone en los procesos del presente y nos arrastra a un futuro incierto, donde es comprensible escuchar: ¡sálvese quien pueda!

Ante la inmensidad de la mar de situaciones problemáticas, si los que tienen un poco o mucha riqueza no son capaces de pararse, imaginémonos quien no tiene nada. El mundo entero enfrenta una infinidad de retos y no se sabe ni por dónde empezar. En Inglaterra el referéndum aprobó el Brexit; las elecciones en Estados Unidos dieron la posibilidad a un individuo que no tiene idea de la política (ese arte de regir los asuntos públicos) y; en estos últimos días, en Italia, Matteo Renzi, el primer ministro propuso un referéndum que confirmó la fragmentación de la población y, por ende, su renuncia como Presidente del Consejo de Ministros, ya que el NO a las reformas de Renzi alcanzó el 59,11% de los votos ante un 40,89% que apoyaban el SI a las reformas constitucionales.

Por el momento, Renzi tiene que esperar la aprobación de presupuesto del 2017 como se lo ha pedido el Presidente de la Republica, Sergio Matarella, cuyo objetivo es salvaguardar la estabilidad de una de las potencias mundiales que también, dicen las malas lenguas, se identifica con la constante práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores, es decir, con la corrupción.

Dicha practica, considerada común denominador entre algunos países, ha llegado a motivar a la Asamblea General de las Naciones Unidas a proclamar el 9 de diciembre Día Internacional contra la Corrupción, con la idea de crear conciencia de la corrupción y el rol de la Convención para combatirla y prevenirla. Mal de muchos, consuelo de tontos.

¡Cuidado con corromper o corromperse! Hoy en día, es necesario prevenir la corrupción en el seno de las instituciones públicas, así como eliminar toda práctica corrupta que pueda existir en ellas para asegurar el buen funcionamiento del Estado de Derecho y los valores democráticos.  Solo que el fenómeno de la corrupción ha experimentado un proceso de internacionalización, como consecuencia de la globalización económica. Por ello, hay que afrontar la corrupción desde una óptica global, ya sea mediante la cooperación internacional o a través de organizaciones no gubernamentales, ¿quién lo sabe? Solo que México no deja de dar sorpresas, sorpresas te la vida, y un día de estos nos va a llevar al hoyo negro. 

Los acusados son muchos. Uno de los más recientes ha sido el ex gobernador de Zacatecas, Miguel Alonso Reyes, que según algunas fuentes  ha desviado algunos millones de pesos de los recursos públicos. Pero ejemplos no faltan y cada uno tiene sus propias estrategias, tan solo recordemos al ex mandatario de Veracruz, Javier Duarte; el ex gobernador de Chihuahua, César Duarte; y en Quintana Roo, Roberto Borge; en fin, unos van y otros vienen y nosotros nos quedamos mirando sin impulsar y reforzar programas y medidas de ética pública, sin fomentar una cultura de rechazo de la corrupción que favorezcan el correcto funcionamiento del sistema democrático y económico.