El verdadero padre de la patria

El 15 de septiembre Don Miguel gritó y se fue a la lucha, misma que duró muy poco tiempo…

La desolación, los asesinatos y el pillaje, fueron los únicos resultados visibles de esa primera insurrección… Después fueron guerrillas aisladas, la lucha ya casi no existía.

Por tanto, el bicentenario de la independencia se celebra este 2021, pues fue el 27 de septiembre de 1821, cuando realmente se consumó la independencia mexicana…

Y la independencia mexicana es la obra de un héroe que la historia oficial quiere que sea olvidado, por sus raíces ideológicas, plenamente católicas y mexicanas. Se acusa a Agustín de Iturbide de ser enemigo de la independencia, por haber combatido a los primeros insurgentes… Sin embargo, después, por oscuros intereses, que ya platicaremos, se cambió de bando. Iturbide consumó la independencia sin derramar sangre. Supo negociar con los insurgentes y con la corona.

Fue Porfirio Díaz el primero en inventar el "centenario" en 1910, para regatear los méritos de Iturbide. Atribuyendo a Vicente Guerrero lo que fue mérito indiscutible de don Agustín. En 1943 hasta la estrofa del himno nacional que lo mencionaba fue suprimida:

«Si a la lid contra hueste enemiga nos convoca la trompa guerrera, de Iturbide la sacra bandera ¡mexicanos! valientes seguid…
Y a los fieros bridones les sirvan las vencidas enseñas de alfombra; los laureles del triunfo den sombra a la frente del bravo adalid.»

De ahí que no haya ni esculturas, ni homenajes. Tampoco pronuncian su nombre en el grito, ni se recuerda el 27 de septiembre como el día de la independencia mexicana. Y cuando se recuerda, se habla de Vicente Guerrero como "consumador". Para Iturbide, no existen grandes avenidas o ejes o delegaciones o colonias con su nombre, ni figura en los billetes, ni se le mencionó en las cápsulas “bicentenarias”, esas que hacen los "expertos" en radio y televisión.

Y hoy, dentro de la Catedral Metropolitana, en la capilla de San Felipe, en un rincón oscuro, sobre un nicho, callada, indiferente y muy olvidada, está la urna de cristal que guarda los restos de quien fuera el verdadero libertador de la nación mexicana, Agustín de Iturbide, cubierta por la bandera que él creó y nos legó, junto con la libertad. ¡Qué injusto! Don Agustín tiene un lugar en el infierno histórico de este país por un sólo pecado: coronarse emperador…

Obituario: Ya vacunaron a Zulma… ¡Gracias, doctor Gatell!