¡Por fin, Cruz Azul!

Siempre dije que cuando llegara la novena iba a ser toda una fiesta, un festejo inolvidable, desbordado, una celebración nacional, y así fue. Millones y millones de aficionados en todos los rincones de la república, y del mundo -no exagero-, salieron a festejar, a gritar, a llorar, a desgarrar sus gargantas, a hondear sus banderas, a aplaudir al campeón. Fuimos montones, todos los azules, incluso los que se habían bajado del barco y los que salieron del clóset. La presión por fin se fue.

Fueron 23 años y medio sin ser campeón, sin levantar una copa, sin ganar un título, te vimos perder finales de diferentes maneras, con gol de oro, en penaltis, robados por el árbitro, vencidos en la cancha por el rival, bueno, hasta con un gol de último minuto, de palomita, y anotado por un portero…

Vivimos muchas eliminaciones, algunas verdaderamente vergonzosas, lamentables y desgarradoras. Lloramos tus derrotas, pero te alentamos siempre, sin que nos importaran las bromas, las burlas interminables. Y no nos importaban porque tu grandeza nos enamoró, tus colores, tu esencia, tu mística, tu carácter, tu magia…

Y la caprichosa “novena” no llegaba, pero la lealtad es de color azul, a estas alturas nadie debería tener dudas, y eso es verdad gracias a la inigualable afición que te respalda, esa que es tan noble, que, a pesar de todo, se las aguantó todas de manera heroica y siguió de pie, presumiendo con orgullo el escudo en el pecho, confiando siempre en que esa recompensa, tarde o temprano iba llegar, tenía que llegar.

Y llegó… Todo lo que se escriba y todo lo que se diga va a quedar corto, las palabras no alcanzan para describir el momento exacto en el que una colisión de emociones hizo estallar a millones de corazones. Los efectos de esa estrella tan anhelada comenzaron a hacer efecto como droga que entra por las venas y de inmediato los pies se elevaron del suelo para sentir de cerca la gloria y poder gritar por fin: ¡Cruz Azul Campeón! Un grito que desgarró la garganta y abrazó con fuerza una ilusión que agonizaba después de 23 años de decepciones, con lágrimas que desahogaron los temores y le dieron paso a una felicidad incontrolable e indescriptible, la felicidad inigualable de ser ¡Campeón! Ahora la podemos sentir, ahora la re-conocemos por fin, es nuestra. Vivimos para contarla. Somos parte de la historia. Ese silbatazo final lo vivimos de todas las formas posibles y nunca lo vamos a olvidar. Unos arrodillados, otros con los ojos cerrados, con lágrimas en los ojos y las manos apretadas, o caminando de un lado para otro, hasta temblando, o elevando las últimas oraciones para que ocurriera el milagro. Y ocurrió, el silbatazo final y el rugir del Estadio Azteca nos lo confirmó, fue un recuento fugaz de toda nuestra vida con la camiseta de Cruz Azul puesta, como cuando te vas a morir y dicen que ves pasar toda tu vida en tu mente…

Así, Cruz Azul se sobrepuso, por fin, a todos los 'memes' y burlas de las que fue objeto durante tanto y tanto tiempo. Esa afición sigue viviendo sus mejores horas después de 23 largos años. Aún en las calles se respira el ambiente festivo que dejó la coronación del Guardianes 2021, y todo se ha extendido hasta el punto de hacer solicitudes para cambiar términos y memes que se mofaban de los celestes antes de conseguir este título. Se acabó, señores, búsquense otro puerquito.

Reconocida por todos, odiada por muchos, y venerada por otros tantos, el término “cruzazulear” se hizo popular entre la comunidad de “haters” que tiene La Máquina -que no son pocos-. La acepción de este ¿verbo? ha sido objeto de debates por la comunidad de hispanohablantes que pretenden incluirlo en el diccionario de la Real Academia Española.

Sin embargo, después de lo que pasó este fin de semana, después de cómo sucedieron las cosas, debemos pensar en una redefinición. Ahora “cruzazulear” significa: “Demostrar que es posible romper una maldición. Capacidad de aguantar memes, humillaciones y burlas por años. Perseguir un sueño hasta alcanzarlo. Levantarse siempre de las derrotas. Nunca perder la fe. Perseverar hasta ganar. No darse por vencido, a pesar de que todo esté en contra”.

Señores, Cruz Azul es una filosofía de vida, caer, levantarse, estar cerca del objetivo, pero volver a caer, recibir burlas, pero, aun así, levantarse e intentarlo una vez más, que todos esperen nuevamente tu caída, pero contra todo, lograr y conseguir la meta... La paciencia, el trabajo y la perseverancia siempre, siempre tienen su recompensa. Hoy el cielo es, otra vez, azul.

¡Gracias, Cruz Azul! Los fantasmas hoy, por fin están en paz…

Obituario: Hoy no hay obituario, sigo brincando de felicidad.

*Nota del editor: foto en portada: @CruzAzul*