Sólo hay un perdedor en el caso Sharapova: el tenis

…y entonces los reclamos comenzaron. Maria Sharapova dice que la Federación Internacional de Tenis (ITF) intentó castigarla por cuatro años. La ITF respondió argumentando que simplemente procedió de acuerdo al reglamento. La Women’s Tennis Association (WTA), involuntariamente arrastrada en todo este lío, dice que necesita echar un vistazo a todo y aprender las lecciones del caso. El resto de nosotros, simplemente sacudiendo la cabeza con asombro.

Sólo hay dos certezas tras la decisión del Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) de disminuir a 15 meses la sanción impuesta a Sharapova:

La primera es que un nuevo capítulo en esta historia acaba de comenzar. La segunda es que ninguna de las dos partes –ni Sharapova, ni la ITF y ni siquiera la WTA- salen de este problema de forma intachable.

Sharapova está ahora en camino a la guerra. Al sentirse injustamente tratada por la ITF y  ciertamente reivindicada por el TAS, la rusa tiene tanto el perfil como la personalidad para poner en marcha una serie de ataques hacia aquellos que le hicieron daño. ¿Está en su derecho a hacerlo? No.

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No hay duda de que Maria Sharapova tomó una sustancia prohibida después de que ésta fue situada en la lista prohibida de la Asociación Mundial Antidopaje (AMA). Que lo hizo sin conocimiento de la prohibición - como siempre ha afirmado -, ha sido confirmada por el CAS. Sin embargo, este momento es un pedestal muy inestable para iniciar el lanzamiento de ataques.

Pero Sharapova nunca ha sido alguien que se guarde las cosas. El anuncio que ofreció en marzo sobre su suspensión fue un acto de valentía y confirmó el secreto que todos sabían: las suspensiones silenciosas de la ITF por dopaje. Y en este momento ella reclama que la ITF quiso hacer de su caso un chivo expiatorio.

Obviamente, la ITF niega esta acusación.

En cambio, ellos argumentan que estaban simplemente siguiendo las reglas del juego. La sanción al dar positivo por una sustancia prohibida es una suspensión de cuatro años. Durante el tribunal en marzo, argumentan, ellos simplemente querían ver si el error de Sharapova fue bastante inocente para considerar una reducción de su sentencia.

Sharapova también se siente frustrada por los procedimientos para notificar a los jugadores sobre las nuevas sustancias prohibidas. Para ello, culpa tanto a la ITF y como a la WTA, que por su parte ha dicho que van a revisar sus políticas en materia de educación de jugadoras.

Lo que emerge es una situación preocupante en la que un atleta suspendido por dopaje está teniendo la autoridad moral para ir contra las organizaciones que hacen cumplir las normas contra su persona de forma pública y exitosa.

Esa no es una buena imagen para el deporte.

Y todo esto antes ocurre incluso antes de contemplar su regreso a las canchas.

Una cosa es cierta: cuando Sharapova haga su reaparición dependerá enteramente de wild cards (invitaciones) dado que su afectado puntaje en el ránking mundial no le alcanzará para entrar por posición.

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¿Invitarán los torneos a la señalada tenista? Por supuesto que lo harán.

Su primer partido oficial de vuelta – dondequiera que sea – garantizará al torneo en cuestión uno de los eventos de tenis más destacados de 2017. Como consecuencia, Sharapova será vigilada y expuesta al escrutinio en todos los siguientes torneos.

¿Deben estos torneos concederle las invitaciones? Esa es pregunta totalmente diferente. ¿Vale más darle un wild card a una atleta anteriormente sancionada que a una promesa juvenil tratando de forjar sus primeros pasos en el tenis profesional? Por supuesto no.

Pero Maria Sharapova es – y siempre lo ha sido- oro puro en mercadotecnia. Y al final del día, el dinero siempre ganará.

El tenis, desde ya, ha perdido respeto, imagen y dinero por todo este lío.

Cualquier cosa que se diga y ocurra en los siguientes meses, el deporte tendrá que salir de este problema. Uno sólo puede esperar que las lecciones hayan sido aprendidas por todos los involucrados, y por el bien de Sharapova, la ITF y la WTA, ojalá encuentren eventualmente una forma de llevar la fiesta en paz.