“Pet Sounds”, cincuenta años de la belleza hecha música

La historia que todos citan dice que Brian Wilson se enamoró tanto del “Rubber Soul” de los Beatles, que compuso “Pet Sounds” como la respuesta de los Beach Boys. Irónicamente, ese álbum inspiraría posteriormente a Paul McCartney para la producción del “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”. Pero “Pet Sounds” tiene mucho más que la amigable competencia entre el cuarteto de Liverpool y el quinteto californiano.

La historia de “Pet Sounds” incluye un poco de corazones rotos, alegrías, locura, rock ‘n’ roll, pasado, futuro y sobre todo, el inicio del fin de los Beach Boys. Es el álbum que en plena mitad de década, profundizó más allá de la música, lo cual lo convierte en uno de los más hermosos e influyentes de todos los tiempos. Mientras “Rubber Soul” abrió puertas a una nueva época, “Pet Sounds” fue el disco que llegó para nunca irse.

Cuando Wilson comenzó el proyecto en julio de 1965 (al grabar un lado b para “Sloop John B”), a la vez mostró los primeros avances de la conjunción entre los primeros días de los Beach Boys, entonces admiradores de las armonías de grupos vocales como los Four Fresmen, y el sonido surf que el papá de los hermanos Wilson y mánager de la banda, Murray, los había forzado a grabar.

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La timidez pública de Brian, así como el miedo a volar y los ataques de pánico hicieron del estudio un ambiente ideal para que pudiera explorar sus pasiones. Obsesionado con las canciones pop producidas de Phil Spector, comenzó a incorporar más ambición en el sonido de los Beach Boys, percibible en “Don’t Worry Baby” y “California Girls”. Para cuando “The Beach Boys Today!” fue lanzado en marzo de 1965, Wilson estaba ya listo para dar el siguiente paso creativo.

En enero de 1966, dedicó cada minuto del nuevo año a la producción de “Pet Sounds”, y por los siguientes tres meses trabajó por encima de los estándares, tema por tema y contratando a decenas de músicos profesionales (incluyendo cuerdas y metales) y afinando la grabación en todos los aspectos para convertirla en su obra maestra y en uno de los discos pop más importantes de la historia. La producción de “Pet Sounds” fue también una de las más caras en su momento, pues el perfeccionismo de Wilson costó más de $70,000 dólares.

Trabajando con Tony Asher, quien escribió muchas de las letras de las canciones, Wilson asumió la construcción del disco –produciendo, escribiendo la música y dirigiendo a todos los músicos- mientras el resto de los Beach Boys hacían gira sin él. Particularmente, Wilson dejó de hacer giras con su familia luego de una terrible experiencia de vuelo en 1964. Además de las vocales, el resto de los miembros participaron muy poco en las 13 canciones de “Pet Sounds” y donde la última, “Caroline, No”, fue lanzada originalmente como el debut en solitario de Wilson.

Como se documenta en la edición especial de 1997 “The Pet Sounds Sessions”, la dedicación de Wilson en la producción del álbum estuvo adelantada a la época, incluso por encima de la pasión e intensidad que su ídolo Phil Spector había puesto en sus propias producciones hasta entonces. Los arreglos fueron terminados y después destrozados; la voz principal de uno de los Beach Boys fue reemplazada por la de otro miembro. Wilson hizo que tanto sus compañeros como los músicos de estudio trajeran a la realidad los sonidos que estaban en su cabeza. Acordeones, mandolinas, ukuleles, campanas, latas de Coca Cola… Todo lo que pudiera producir sonido fue metido al estudio. De hecho, Wilson le pidió permiso a Chuck Britz, ingeniero del estudio, para meter un caballo. “¿Perdón?”, respondió Britz. “Lo juro por Dios, el caballo es dócil y todo lo que necesitamos”, agregó Wilson. Al año siguiente, intentaría grabar el sonido de una fogata encendida dentro del estudio.

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Pese a sus exageradas demandas, todos siguieron su idea. Y ésta dio frutos. “Pet Sounds” fue el inicio de algunos géneros, mismos que ni siquiera tenían nombre el 16 de mayo de 1966, fecha en que el álbum salió a la venta: art rock, pop barroco, psicodelia… Sonaba un poco a los álbumes previos de los Beach Boys, pero todo apuntaba al desarrollo creativo y crecimiento musical de Wilson. Una auténtica y sorprendente obra de arte que a 50 años de su lanzamiento, continúa siendo influencia para muchos artistas y músicos.

Cuatro de sus canciones alcanzaron la lista de popularidad: “Caroline, No”, acreditada a Wilson, lanzada en marzo y situada en el lugar 32; “Sloop John B” llegó al número 3; “Wouln’t It Be Nice” se posicionó en el octavo lugar; y “God Only Knows”, el otro lado de “Wouldn’t Be Nice”, se situó 39. El álbum entero llegó a ser número 10, la posición más baja para un disco de la banda desde “Shut Down Volume 2” lanzado dos años atrás. No obstante, “Pet Sounds” fue todo un éxito en el Reino Unido, ya que se ubicó en el número dos.

Pero más allá de las posiciones, su impacto fue casi inmediato (McCartney dijo que sin “Pet Sounds”, no habría “Sgt. Pepper’s”) y su legado solamente ha crecido desde su lanzamiento. Incluso el último corte, “Hang On to Your Ego”, una primera grabación de “I Know There’s an Answer”, es considerado un clásico. “Pet Sounds” prevalece como muchos álbumes de la época. De cierto modo, es uno de los primeros discos conceptuales de la música pop, un ciclo de canciones acumuladas que conforman una “sinfonía juvenil dedicada a Dios”, de acuerdo a las palabras que Wilson utilizó para dar pie a su siguiente proyecto, el problemático y retrasado “Smile”.

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El disco eventualmente separó a los Beach Boys. El cada vez más errático comportamiento de Wilson durante la grabación (el cual solamente se intensificó para derivar en su conocida depresión y la debacle de “Smile”) y su experimentación musical alejada de las estaciones de radio llevaron al grupo a diferentes direcciones. “Pet Sounds” fue un disco muy personal sobre el desamor y las drogas, pero más que nada, era el tributo de Wilson a la belleza de los sonidos. De hecho, el título es un homenaje de Wilson a su sonido favorito: los sonidos de los animales, y así se nota en el cierre del álbum con unos perros ladrando. Durante un año, “Pet Sounds” fue considerado como la obra simbólica de la década. Una joya. Algo único. Pero en 1967, los Beatles lanzaron “Sgt. Pepper…” y “Pet Sounds” perdió el título.

La música de “Pet Sounds” va más allá del pop; hay jazz, folk, clásica, sonidos experimentales. Las mejores canciones, mejor dicho, los 36 minutos en totalidad se deben disfrutar en más de una sesión para comprender la visión futurista de Wilson. La revolucionaria “Good Vibrations” inició durante las grabaciones de “Pet Sounds” y culminó en la grabación de “Smile”. Es el eslabón entre dos laureados proyectos. Desde ahí, Wilson vio el mundo musical como nunca nadie lo había hecho, pero lamentablemente, colapsó mentalmente y detuvo su progreso por años, décadas. Sin embargo, la belleza de “Pet Sounds” fue suficiente para cambiar al mundo y el curso de la música de los siguientes cincuenta años… y contando.