Fuerza Chapecoense

La idea original era escribir sobre Cleber Santana, un elegante mediocampista y capitán del Chapecoense. Él sería la pieza clave de su equipo cuando les tocara enfrentar al Atlético Nacional de Medellín en la final de la Copa Sudamericana. En un equipo repleto de jugadores trabajadores, organizados y honrados, Cleber Santana era el del toque y la clase, virtudes que hace una década lo llevaron a las filas del Atlético de Madrid. Y aunque durante su paso por España quedó lejos de cumplir las exigencias del futbol europeo, nunca nadie dudó de su técnica y talento.

El parado del Atlético Nacional parecía idóneo para Cleber Santana. Los colombianos jugaban con dos centrales lentos que conforme avanzan los partidos evidencian cansancio y lentitud. Frente a ellos, un solo medio con hectáreas por defender. Cleber Santana hubiera tenido espacios para imponer su calidad durante la gran final.

Y si el portero Danilo hubiera continuado con sus actos heroicos bajo los tres palos; si el defensa William Thiego hubiera liderado a sus compañeros; si el dúo Josimar y Gil hubieran corrido y marcado a los colombianos en el centro; si Thiaguinho, Ananias o Lucas Gomes hubieran desequilibrado con su ritmo por las bandas; si Kempes o Bruno Rangel hubieran aprovechado las oportunidades que seguramente iban a tener, entonces el cuento de hadas del modesto Chapecoense hubiera añadido un glorioso capítulo a la historia de la Copa Sudamericana y del futbol mundial, más cuando hace diez años el equipo ni siquiera figuraba en las primeras cuatro divisiones profesionales de Brasil.

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Pero nada de eso ocurrió. Con cierta ironía, un artículo publicado en el sitio oficial de la CONMEBOL celebraba el extraordinario ascenso de estos hombres del pequeño pueblo Chapeco, bajo el titular “La aventura del Chapecoense asombra al continente”. Y entonces llegó el cruel giro de la historia: un repentino y trágico final que ha conmocionado no sólo a Sudamérica, sino a todo el mundo.

Cleber Santana y sus compañeros volaban hacia Medellín para cumplir lo que muchos soñamos desde niños: jugar futbol con los amigos en un gran escenario y ante los ojos de todo el planeta. Ver el video del Chapecoense celebrando su pase a la final de la Sudamericana es presenciar a un grupo de hombres dando un paso más hacia el paraíso futbolístico. Y aunque la gloria muchas veces se divide en el éxito individual y colectivo, el Chapecoense hizo méritos para brillar como una sola unidad. Juntos rompieron todos los pronósticos y juntos soñaban con hacerlo una vez más.

Sus oponentes colombianos vestían los mismos colores. Pero a pesar de esa coincidencia, un equipo era más verde. El Atlético Nacional era más maduro; el campeón reinante de Sudamérica y que pronto jugará el Mundial de Clubes en Japón. Por el contrario, Chapecoense era el novato en este tipo de competencias. El que tenía todo por ganar y nada que perder. El equipo que culminó su aventura de forma cruel pero que vivirá por siempre en el recuerdo como el gran campeón que estaba destinado a ser.

Fuerza Chape, fuerza.