Eight Days A Week: los Beatles como nunca antes se vieron y escucharon

La historia de los Beatles es como la historia de la primera y la segunda guerra mundial, la guerra de Corea o la guerra de Vietnam: contiene millones de pequeñas historias, millones de testigos y millones de ángulos. Bajo este contexto, el documental “Beatles: Eight Days A Week – The Touring Years” del director Ron Howard muestra otro fragmento de la historia que todos conocemos, pero al mismo tiempo sobresale por cuenta propia. Desde los primeros años en Reino Unido y Alemania, hasta la conquista de Estados Unidos y el mundo, “Eight Days A Week” se enfoca en los mejores años del “Cuarteto de Liverpool”, esos que los encumbró y que también los separó.

“Eight Days A Week” se deshace de todas las capas de gritos y locura alrededor de los Beatles. Logra apartar también la histeria -sello característico de la Beatlemanía- y nos permite escuchar lo que muchas audiencias de la época no pudieron: la música como tal. Además, nos adentra en la burbuja de su fama, una experiencia que sólo John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr compartieron, y que sólo ellos plenamente lograron comprender.

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Escuchar a los Beatles en vivo es recordar la fuerza de su conjunción musical, los años de práctica, la amistad y la colaboración que los hizo brillar desde The Cavern. “Eight Days A Week” también nos recuerda que dentro de ese estilo de vida estrecho y limitado, surgieron las sesiones de nueve o más horas de grabación, situación que muchos artistas y músicos siguen enfrentando en nuestros días.

"Estaba interesado en esa burbuja en la que estaban", dice Howard. "Comencé a pensar en la historia como en la película ‘Das Boot’: están juntos, se tienen el uno al otro, saben cuál es su objetivo, pero la verdad es que el mundo es muy peligroso".

Howard y su equipo, incluyendo al productor británico Nigel Sinclair, encontraron una gran cantidad de material, y a través de Internet se enviaron imágenes de espectadores en vivo en programas de televisión, noticias locales y grabaciones especiales. Entre sus hallazgos, encontraron la cinta que capturó la música que los fans no podían escuchar por culpa del ruido y los gritos. "Tuvimos la suerte de encontrar una serie de cintas con el sonido original", dice Howard, "así que las digitalizados y restauramos para dar forma a una parte de la película con el objetivo de acercar al espectador con los Beatles de forma más íntima”.

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Los resultados son asombrosos. El material restaurado de la banda interpretando “I Saw Her Standing There” en el Coliseo de Washington en 1964, durante la pequeña gira que hicieron después de su aparición en el Ed Sullivan Show en febrero, muestra a Harrison y Lennon tocar sus guitarras de forma feroz dando la impresión de que estaban inventando el punk o el heavy metal, mientras que Ringo, con el cabello mojado por el sudor, es un auténtico salvaje en la batería. Frente al escenario, miles de adolescentes gritando hasta quedarse afónicos. Además de Washington, “Eight Day A Week” ofrece imágenes de Budokan en Japón, Australia, el Shea Stadium y Candlestick Park.

Como si la nostalgia no fuera ya suficiente, Howard y sus editores se dan el lujo de mostrar escenas inéditas de la actriz Sigourney Weaver, entonces de 14 años, alzándose sobre sus amigos durante un show de 1964. Whoopi Goldberg, por su parte, cuenta una hermosa historia de su madre llevándola a un “Mystery Tour" que terminó siendo el épico concierto del Shea Stadium, el más grande que ofrecieron los Beatles.

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Cuando los Beatles aparecieron con Ed Sullivan, Ronnie Howard (como el propio director se da crédito) llevaba ya tres años interpretando al icónico Opie Taylor en The Andy Griffith Show. Entonces tenía 9 años y que los Beatles llegaran a la ciudad donde él vivía fue el mejor regalo de cumpleaños. “Mi cumpleaños fue en marzo, días después de su aparición en Ed Sullivan, por lo que pedí de regalo una peluca y unas botas de los Beatles. No me las pudieron encontrar, pero sí hallaron una horrenda y sucia peluca parecida al corte de los Beatles, por lo que estuve feliz con ella durante mi fiesta de 10 años”.

Conforme la banda se convirtió en una perspectiva más compleja, el interés de Howard profundizó. "Tuve un profesor que comenzó a usar las letras de ‘Rubber Soul’ como ejemplos de poesía para estimular nuestra imaginación. Lo que me di cuenta incluso a esa edad era: ‘Hace dos años estaban cantando ‘I Want To Hold Your Hand’ y ‘She Loves You’ y ¡mira ahora!’. Estaban cambiando con los tiempos, reflejando un enorme cambio cultural y liderándolo. No sé si habrían aceptado ese papel si no hubieran sido empujados hacia él, pero lo fueron, y lo hicieron, y sobresalieron”, apunta el director.

Esta sensación de salto cuántico en el crecimiento creativo es lo que enganchó a Howard a la película. "Lo que los hace únicos, para mí, son las presiones culturales. Es impresionante, y no lo entendía bien, pues estamos hablando del sentido un niño de 10 años de edad. El hecho de que fueran capaces de ser creativamente ambiciosos, mantenerse así, y seguir creciendo mientras se enfrentaban a la maravillosa pero también impactante realidad de su éxito, es algo impresionante. De alguna manera, ese tipo de integridad creativa está en el corazón de la historia para mí. Como grupo, produjeron un trabajo a nivel de genios y fueron cuatro artistas inteligentes, carismáticos y autocríticos. Todo ese enfoque que tenían con la música, con la prensa… Su ingenio natural frente a las cámaras era totalmente orgánico y único para ellos y para ellos solos, haciéndolos una especie de bestia de cuatro cabezas".

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Cualquier cosa que hicieron los Beatles, lo hicieron primero y lo hicieron mejor. Donde ellos iban, todos los demás los seguían. “Eight Days A Week” recapitula todo eso, pero nos recuerda que, en el centro de todo y durante cuatro años tumultuosos de presentaciones en vivo, ellos sólo trataban de ser los cuatro chicos que habían formado una banda. Hasta que de repente no lo fue. En el avión a Los Ángeles, después de lo que resultaría ser su último concierto, en San Francisco, George Harrison llegó a decir: "Eso es todo. Ya no soy un Beatle". A partir de entonces, se limitaron al estudio y tocaron sólo una vez más en vivo, en el techo de Apple Records, poco antes de su disolución. Para Howard, esa decisión de nunca más hacer una gira es parte del misticismo.

“Lo que tomo de esa decisión, tanto como artista y narrador de historias, el increíble compromiso que tenían. ¿Que pudieran darle la espalda a lo que producía dinero -giras infinitas- para satisfacer las necesidades creativas que los cuatro tenían como banda? Eso vuela mi mente”, sentencia Howard.